jueves, 6 de diciembre de 2018

Una posible imagen de dolor

cuánto puede uno soportar
el peso de la lágrima,
inclinar la mejilla,
el rostro,
inútilmente
el mundo entero
para volver meterla
adentro del ojo.

tengo la vista apoyada
en un calendario ya amarillo
hay una voz que flota
y no interrumpe
nada

las células rojas
las células blancas
las células tercas y muertas
se van reuniendo todas
a velocidad de avispa
para arreglar 

el cuerpo sobrante,
el daño irreversible,
al menos una mínima parte,
algo que haga valer
el ruido sordo de la agonía

breves indicaciones,
algún que otro consejo
sensato y sin sentido
expulsado
hacia el aire denso
de la habitación.
una posible imagen de dolor
comienza a fermentarse
en nuestras cabezas,
durará días,
desvelos,
nos mantendrá despiertos
como el picoteo perpetuo

del tábano
sobre el lomo
de un potrillo malherido.










jueves, 22 de noviembre de 2018

Malhumoradamente infecto

malhumorado,
baja

sin saberlo
a su sótano mental
ante las pupilas
ajenas
sin que nadie lo vea,
baja a rodearse
de ideas
impronunciables,
sucias,
sobre mí,
sobre vos también
que lo miras de reojo:
la distancia humana
depende
de la profundidad
de los ojos.

baja a su zona
restringida
y abraza las palomas
que arrincona
en la esquina
peludas, podridas,
muertas:
alguien con quien hablar.
no le gusta las ventanas
ni ventilar,
ni el viento
porque el viento
puede al desplumarlas
revelarle
sus cruentas miserias.

de modo que baja
la calma
con un cigarrillo
partido y mentolado.
la suerte
es de quien avizora
la unión de las baldosas.
baja a su cerebro
infecto
con paso fúnebre
y sin pose.
baja tanto que al subir
un gesto de afecto
puede significar
lo contrario,
y un ramo de rosas
derretirse
junto a la moral,
manchar las manos
con sangre
real.








miércoles, 21 de noviembre de 2018

La ventana que da hacia el este está rota

la ventana que da hacia el este
está rota.
es un asterisco de vidrio
con filo y sin fondo
por donde va metiendo 

sus dedos perversos 
el verano.
el calor regresa 
con esa pretensión 
de vender alegría vaga
y medicada.
ya al mediodía,
el día empieza a coagularse

y me mojo un poco
la cabeza,
me pongo
la musculosa gris
que fue antes
mi remera negra favorita
que será en un futuro
apenas otro
 trapo de piso
abandonado
en el paladar 
plástico
de una palangana roja,

y así.

nuevamente
y como siempre
el tiempo corroe como nunca.
si se va,
es para volver aún más violento.
como un mar que se arremanga
hasta el antebrazo,
escupe toda la mugre
y se la vuelve a tragar,
una y otra vez,
se masturba con nuestros miedos
para no envejecer.
pienso, pienso, pienso
todo esto mientras bichos
de último modelo
aterrizan
sobre la pantalla insomne,
van reemplazando 

los casilleros vacíos que dejan 
las letras no escritas. 

el tiempo corroe como nunca
y no está mal divagar,
soñar con dormir la siesta
en un campo sin horizonte
bajo la sombra lábil que obsequia
la copa de un árbol vetusto,
pero primero hay que asomarse
con cuidado por la ventana
y constatar si la luz
se cortó solo bajo 

este techo
o afectó también

al resto de los dificios.













sábado, 10 de noviembre de 2018

La misma lluvia

mojadas
por la tormenta,
infladas
por el miedo,
después tampoco habrá tiempo
para la búsqueda
del por qué
del cómo

quien de todas fue la primera
en malcriar la paranoia,
con un burdo aleteo
contagian el terror.

y el agua 

que lo ensucia todo,
que embarra la vista
con su melodrama
fotogénico

 y las palomas
desesperadamente 

elementales
no necesitan  razonar
nimiedades, ni edades,
ni miedos mentales
ni aceptar que ven sombras
donde no deberían.
ellas buscan refugio
donde sea que puedan
solo encuentran
muertes solitarias
en veredas partidas. 


caen en seco,
 una por una
se desploman 
y a pesar
de la tenue respiración
que todavía las ocupa,
agonizar parece esconder
un motivo tan inútil 

que es estético:
elegir la mejor manera
de posicionarse
de cara
a la descomposición.







jueves, 18 de octubre de 2018

Atrincherados

atrincherados en habitaciones
de látex color humo mate,
nos dejamos escanear
por un ventilador
que confirma y reafirma
el peso de los rostros
mientras armamos
nuestra fogata moderna
a base de envases opacos,
colillas de ansiedad dentro,
menthoplus entre disco y disco
para que la presión
no se hunda hasta el vómito
y demás cosas
que sacamos del bolsillo
en silencio,
como un arma cargada,
para depositarlas
en la mesada de otra noche
alquilada al insomnio.

so(m)bras, verrugas, tumores,
vergüenzas que creemos
no merecer
y todo eso que le va descosiendo
el cuellito de tela
a un muñeco con tu forma.
podremos decir todo tal cual
sale de fábrica,
exorcizar los demonios
domésticos
y reír ruidosos con la boca
inmunda
como un inodoro roto.

podremos todo menos
reventarle por fin,
los ojos
a la criatura esa
que atraviesa la penumbra
y mirándote fijo
desde la punta opuesta
de la cama,
lleva su índice a los labios
como para que se entienda
que hay cuestiones
que son como el silencio:
destinadas a quedar
entre voz  y vos.











sábado, 13 de octubre de 2018

Veo yo en las pupilas

veo
en las pupilas gelatinosas
de la vaca
que mete y saca
mete y saca
la cabeza
por el alambrado
y atrapada y todo
feliz queda

veo yo
una libertad genuina
e inhumana
una paciencia única
que hasta podrían
terminar de licuarse
los glaciares,
volver a crecernos aletas
de un día para el otro,
como tubérculos
abandonados
en el último cajón
de la heladera,
y nada de eso
le cambiaría el gesto

una paciencia
que no logro encontrar
en el reflejo de mis pupilas
enrojecidas
en y por una pantalla
en blanca
yo que, solo me veo
metiendo y metiendo
la cabeza
en un panal sin fondo,
cuanto más adentro más espejos.

una libertad
que hasta la garganta tiesa
del mártir apoyado
en la guillotina envidiaría.







sábado, 6 de octubre de 2018

Ya no sostiene el mismo volumen

ya no sostiene el mismo volumen. 
de a poco sus ladridos
se van alejando,
llevándosela
también a ella,
a un lugar completamente
desconocido para mí.
una oscuridad
propia y auténtica
como las que inventan
las luciérnagas cuando
se apagan.


además de llorar con la cabeza
ante lo inevitable,
apoyo mi palma
en su lomo, despacio,
para no despertarla,
apenas, como toco
una pava de acero
para ver si sigue caliente,
con la obsesión
de la embarazada que acaricia
su panza
para ver si sigue ahí.

en un tiempo próximo,
minado de angustias,
se que volveré
sobre el mismo gesto
pero esta mano
no recibirá ya más latidos,
solo tierra pegada,
pequeñas ramas caídas
de un árbol enfermo
que no da nada
más que sombra
floja.

lo que crezca de ese claro en el jardín 
llevará tus huesos
en su adn.
y eso ya es bastante.