martes, 23 de junio de 2026

Rodeo el dodecaedro de la angustia

Rodeo el dodecaedro
de la angustia y resbalo 
siempre en una cara nueva.
Dónde está el glúteo de la luna
y por qué no se sienta encima mío.
Agradezco que hay una cara.
Una cara nueva. 
Hay una cara 
original para mí.
Hay una cara andrógina
en el sueño mensual
que me persigue a bordo
de un corcel y me entero tarde
por las huellas.
No hay una cara igual a otra.
A la bocha regresa la cara inicial
que ya es vieja y conocida,
como el enemigo mortal
de un amigo imaginario
que un muchacho sin hermanos
abandona sin culpa.
A donde quiera que vaya
siento que pesa  
una cara iluminada
para que me maraville
y vea mis señas de auxilio.
A la bocha interrumpe la siguiente,
y me canso, taca, taca, ataca
primero una nariz, después
una boca, enseña el ceño,
ojos nuevos para verterse en punta.
Una cara de varias caras
que he de rodear,
tan abstracta, tan evanescente, 
me da tanta fiaca resolverla,
que me sumerge
a la cara calva de mi almohada.















viernes, 19 de junio de 2026

Desde el supermercado

Llega la voz macilenta y rebelde.
Un susurro seco 
como un tallarín acanalado
inquieta al chico que se pierde
en su compañera
adentro de su polar.
Y entretanto vacilazo
de qué hacer con esta emoción,
pasa y escanea
los códigos en los paquetes
No pasa frío.

Decile al dueño de esto,
que no hay más leches.
Es una estafa
promocionar un producto,
hacerme venir hasta acá.
Yo que estoy vieja,
inclinada y gorjeo.
Que mi voz en lonjas genera pena
y girasoles decapitados.
Decile que firma Norma,
Norma soy yo.

Dale Norma, le digo
y de paso aprovecho
y le hago acordar
que se vaya a la puta que lo parió.














 


Desde lo verdilácteo

Jadea en su escopeta, el cazador.
Los rulos de saliva planos
sobre lo que hizo el chaparrón
con el terreno verdilácteo.
Del alambrado para acá no se hace
lo que del alambrado para allá.
La bala disparada a la marchanta
y el tronco se encorvaba
como un cinturón con sus agujeritos.
Pasa el aire, pasa el tiempo, cabeza gacha.
Se corre la voz animal
en el cañaveral. Diversas especies
sobreviven como arquitectas
y otras han de nacer porque sí.
Y si chapotea la rana,
es por temerosa,
Y si una barcaza posa sin su barquero,
está dando lástima de óxido en la orilla.
Después, entre todo, además, 
también oye la unión: tiene 
nombre y apellido que ciego de un ojo
entiende grillos.
Y a mi, en esta hamaca paraguaya,
se me empieza a correr la microfibra
hacia la esquina superior derecha
para que entienda que lo que escribo
se acaba con la siesta, se está acercando al sol.








martes, 2 de junio de 2026

Contrapeso

Feriado en toda la república argentina.
Toda obligación de ser feliz
arroja a las familias fuera de sus casas.
Un techo es el suelo de otro
y una tara: no alcanzar la concentración rapaz.
Capaz si cesasen los ladridos
y el dogo soñando adentro de su dueño, mea
el cantero, la patita levantada,
melancólico y genital.
Capaz si dejasen de ondear estas paredes
finas como carpas, dos ambientes,
cochera integrada, balcón a calle.
Cortála, dejá. Ya está. Grita
y no empalma más. No sé qué pasa, dice.
Bien que saben que después tampoco habrá tiempo,
no lo tienen, no lo venían teniendo, nunca
lo hay, no tendrán la intención de identificar
qué malformación en la partícula primera
hizo que de un portazo se diga todo
lo que ninguno pudo antes.

Queda oficialmente inaugurado el contrapeso
en la superficie compartida.
Quedan muteados cada cual a cada lado
y nadie asoma tras los muros.
Sordos ruidos desde afuera empujan.
Es la hora de bronce.
La vagancia mansa acurrucada
bajo un olmo. La inclinación del planeta
aquí y ahora: lo que otra cerveza ha de acomodar.
Mirando por la ventana, en la cara interna
del dado que le toca.
Celoso de la pulcra manera
con que destraban: quién va, quién fue,
a quién le toca ir a comprar.
De lo fácil que resultaría aplastarlo todo
con un piedra, papel o tijera.

 




martes, 14 de abril de 2026

La cañita

La franja del dedo
que se dobla, de ahí parte.
Interrumpe el festejo. 
Bajen 
la música y dedica. Por un año 
más leve que el anterior. 
El mejor año de su vida fue aquel 
con la peor noticia de sus días.

La franja del índice. El centro
de sus labios fruncidos
donde iría el anillo. Un beso
estampado al corazón de la falange.
La carga es un minuto de silencio
que dura un segundo. 
El contacto
de los labios en la franja sagrada 
dura lo que la llama tarda
en tragarse la mecha.

En impulso contenido, parte
del pie, la dorsal, omóplato,
pasa por el hombro. La
 pólvora riega 
el brazo que asciende y suelta 
la cañita. La flecha del índice
viaja de pecho al cielo
que se lo llevó. La cañita perfora
la capa primera y todas las que le siguen;
y si el mensaje no quedó claro,
ahí te va este trago al piso.

























martes, 31 de marzo de 2026

La voluntad de la voluta

Empotrado a martillazos en el fango del hastío,
el verano me pasa entre las piernas.
Un tábano tantea desde la platea,
dale que va; está que me sorbe la testa.
El invierno escapa de su cucha
y primerea con elegancia ventolina,
sorprendiendo al cuero.
Temprano hubo mitosis: dos nubes gruesas
vagaron toda la tarde de la mano 
hasta que se toparon con una más glotona
que en pleno frote se las empomó.
Una avioneta raya el cielo en gótica tipografía.
Debajo estoy completo, 
con juventud pero tengo frío; deposito entonces 
mi fe en la voluntad de la voluta
por mantenerse erguida entre que entro, 
busco una campera
y vuelvo a colorear intenso mi respiración.






Solo pregunto

Si maúlla tres veces seguidas quiere comida.
Si maúlla largo y sostenido algo le duele.
Si calla cuando regreso
y las vueltas de la llave no lo inquietan,
¿estará dormido?
Si salgo por la puerta sin despedirme,
¿desaparece?
Si me saco la capucha,
¿recupero mi inocencia?
Si la dejo puesta,
¿se le aumentan las palpitaciones
a la octogenaria que espera delante mío?
Si el archivo que envío es erróneo,
¿puede una oficina gubernamental derrumbarse,
su domo de hebras y contratos
desplomado como un jenga?
¿Puede un despido derrumbar una familia?
¿Se pondrán de acuerdo
por el tema de la manutención
y la concurrencia a clase del menor?
¿Puede esta hamburguesa,
este chato medallón en mi plato,
haber sorteado los testeos bromatológicos?
Si aquella escapada a la costa atlántica
fue solo un cambio de espacio temporal,
¿puede la sombrilla que la ráfaga puso a volar
para que solita la vea clavarse en la arena,
perseguirme recta en su jabalina
impune, inmune, a través 
de las tres dimensiones
a las que trato de apoyarme?