La franja del dedo
que se dobla, de ahí parte.
Interrumpe el festejo. Bajen
de sus labios fruncidos
donde iría el anillo. Un beso
estampado al corazón de la falange.
Dura lo que una llama tarda
en tragarse la mecha. La carga
es un minuto de silencio
que dura un segundo. El contacto
del pie, la dorsal, omóplato,
pasa por el hombro. La pólvora riega
que se la llevó. La cañita perfora
la capa primera y todas las que le siguen;
y si el mensaje no quedó claro,
ahí te va este trago al piso.