Caminar el camposanto en invierno
es irse antes del cierre, eso pensó
al detenerse frente a los nichos.
Todavía las fotos no se oscurecen
y con imaginación se lee algo
más que rostros y dedicatorias.
Calcular el tiempo entre la compra
en el vivero de la entrada
y la pudrición en su nylon
del seco ramo que mora clavado
es un reto que acaba
cuando al viento le toca arrastrar.
Los nichos abiertos aumentaban
a mayor cantidad de nichos recorridos.
Como el buscaminas, los cerrados
rodeados por varios destapados,
y como un chiste interno que se contaba sola,
el suspenso de que asome un metacarpo
entre el mármol y la llame
con diplomacia de cine mudo, la hacía reír.
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