miércoles, 23 de septiembre de 2026

Entre, pronto, el día

Entre los hilos transparentes…
Pronto se hará de día…
Un taladro a la mañana iniciará
la narrativa con gracia de gigante.

Noctámbulas arañas
sedujeron a sus presas
con un pole dance
y ni un resto quedó de esperanza.

Quítale ahora el polvo al producto
y empaquetalo
rápido que el pedido
está por salir.

A las 9, despego la cabeza.
A las 9:05, la almohada inteligente
recupera su tersura.
A las 10, la voz no es una habilidad
que pretenda exhibir.
A las 11, el sueño que tuve se revela
en una ecuación angosta pero me sigue dando x.
A las 12 aprendo que afuera está feo
por como aplaude la ropa mojada, sus platillos.

La duda de entrarla o dejarla que enloquezca
es la misma que hay entre una tos en aumento
y un vaso de agua.

A las 13 alguien encuentra tirada una camisa
que le calza perfecto para lucirla
cuando cese la tormenta.

A las 14 cuelga la tela 
a la mala soldadura de una reja 
y se agujerea.

A las 15 el rodillo del alzheimer
en la calva de un anciano que pide
otra vez el cortado que acaba de beber.

Los lunes como estos, las comisarías
se ven atragantadas por el plutonio
del fin de semana.

A las 16, familias enteras hacen cola
con bolsas, ropa, comida
y la única pregunta que importa rebota
en la placa del federal.

No todavía no…
Pero ya se regenerarán los brotes fruncidos
cuando la primavera...

No todavía no...
El ambiente tenso entre dos que atoran
palabrotas ya serán escupidas.

No todavía no...
Entre los hilos transparentes,
pronto, el día…






lunes, 21 de septiembre de 2026

Fórmula de paz

Descontrol o no control
no quiero eso alrededor mío.
Están diciendo que así no puede ser
cuando en verdad exigen más líquido derramado
para que sigilosos se vayan acercando al montículo
amarillo, 
gelatinoso, cosa de que ensucien su sien cien veces más fugaz que; 
o, mejor tengo otra, alterar la composición de lo que ensordece pero 
tranquiliza, sin tanto derivado de caucho, a razón de 0% de caucho y 100% de plomo.







lunes, 14 de septiembre de 2026

Electrocardiograma

Llegando tarde a otra obligación.
La misión implica esquives, gambetas
en el barrio de Almagro.
El tráfico y su carga exponencial.
El rojo laberinto en el gps del conductor polarizado
le sube la presión.
Corro para no perder por tercera vez mi turno médico.
Uso mis fuertes piernas. Tengo un cuerpo
que uso sin darme cuenta,
A veces está cerca,
a veces me susurra un isquiotibial
y tengo que hacer memoria.
Si no concuerda mi pasado con el tirón,
el chivo expiatorio es el colchón hundido,
la moldura del coxis.
Hubiese sido mejor invertir en la duermevela
y comprar algo más próspero.
Siempre están las cuotas,
una estaca en el futuro de la que ato un anzuelo
que me engarza el bolsillo.
Le debo tanto a la tarjeta,
ella lo sabe y me lo recuerda el día diez del mes.
Cinturón fuera, remera en alta.
Me colocan ocho ventosas 
sobre el pecho.
Como que me da medio escalofríos el gel
que me embadurnan
pero enfermera, estoy a su merced.
Entrego todo lo que tengo
en pos de un electrocardiograma perfecto.
Crucial la respiración
para la lectura sin errores.
La máquina está buena, es semiportátil, 
podría nadar
con sus tentáculos grises 
si sus cables no se enrollasen al terminar
y el botón de apagado 
no la mandase a dormir.
Solo se usa para lo que fue creada.
Sino, de nuevo al cajón.
Las indicaciones son tres: manos
debajo de los glúteos, inmovilidad total 
de las extremidades, inhalación y exhalación cotidiana.
¿Cómo es mi normal respiración?
¿Cómo pensar en lo que mi mente 
evita colorear?
¿Cómo saldrá el estudio 
si el corazón todavía sigue 
en la correteada reciente, 
repiqueteando las calles en extrañas lenguas 
por el atajo de mi oído?