martes, 15 de enero de 2019

Ahora que los cuerpos hacen silencio

ahora que los cuerpos
hacen silencio
el hombre sospecha de sí mismo
y del 
reciente ritual  consagrado 
a su egoísmo
pero tan rápido
como piensa, olvida
y le surge un arrepentimiento
por todos los cigarrillos
convidados
a cambio de una miserable
hora más de sexo
y una menos de sueño.

un malgasto que no termina
con el aterrizaje seguro
en la oscuridad
de la cama deshecha
y la almohada
amarillenta
que sostiene y sostiene
este monstruo de dos cabezas
sino que continúa
derramando confusiones
en su estacionamiento privado.

siente que los días pasan
aterradoramente lentos
y lentos se marchan.
qué hacer 

con la confianza ganada
y qué con el amor,
hábil cuando quiere se pierde
entre mensajes eliminados
y no enviados,
entre tiempos huecos
y programados
aturdido se acomoda para un lado
y para el otro
como una tortuga invertida
busca una posición inicial
que ya no existe.

ella, de costado
y un torso más desnuda,
él, todo momia
salvo el brazo volcado
como una grúa en la hendidura
de su cadera.
ahora que los dos hacen silencio,
no se sabe bien
quien duerme de verdad
y quien, en lo profundo
de su insomnio
teme compartir con el otro,
sus buenos, sus malos
exactamente
sus mismos pensamientos

barderos











viernes, 14 de diciembre de 2018

Cerebros amamantados con leche vencida

en la mesada, el velador apagado.
un libro a medio leer
esconde moscas muertas
entre páginas de auto-ayuda
y él que insiste
en amamantarse el cerebro
con leche vencida,
imagina futuros que no fueron
en la pantalla curva
de su parpados y fuma,
el único habito que guarda
de su niñez
tampoco es sano,
y cuando sale,
aunque nunca sale del todo
de su bóveda bestial,
lo hace embobado, señala
a los gritos, en secreto
o sin querer
desgracias que no le pertenecen
para alimentar
su autoestima y la conversación.

y en el fondo
no lo piensa pero sabe
que envidia la adicción al presente
que tienen los animales
y esa conciencia frágil e inmediata
que sacude pelajes.
y en el fondo
del dormitorio una persona
recordando
es siempre una lámpara a punto
de quemarse,
una barra parpadeante
sobre un archivo que se ha dejado
de escribir.
y quien no fue también
alguna vez
ese perro callejero, lengua afuera,
viento en contra,
asomándose por la ventanilla
trasera de un auto
sin arreglo.













lunes, 10 de diciembre de 2018

¿Qué devolvemos cuándo volvemos?

cada diciembre algo distinto
revuelve la vuelta
al baldío de enfrente,
al cielo baldeado,
al fósil blando que alberga

la memoria.

¿qué devolvemos cuando volvemos?


mejor nada.


los amigos, muchos menos
la familia,
merecen saber todo aquello
que pensamos
en la soledad de la almohada.

hoy la noche es calurosa,
el sueño, nulo.
hay tensión afuera.

la alarma de un auto huérfano
acaba de dispararse
a unas cuadras de acá.
los pocos que quedaban
pululando por ahí,
encontraron
una lógica oculta en su paranoia
y sin que nadie dé la orden
se fueron
despegando de la escena,
se fundieron a negro,

nos fuimos.

en cuestión de segundos
los ladridos
de los perros tejen
una red invisible
que trasciende medianeras.
una epidemia
amplificándose a la altura
de las rodillas
del barrio que dura

hasta el amanecer.

se necesita 
que ingrese por la reja
apenas 
un fino gajo de sol 
para que la hoja más baja
del ciruelo comience
a tostarse.

ahora sí, 
buen día.
hora de irse a dormir.





jueves, 6 de diciembre de 2018

Una posible imagen de dolor

cuánto puede uno soportar
el peso de la lágrima,
inclinar la mejilla,
el rostro,
inútilmente
el mundo entero
para volver meterla
adentro del ojo.

tengo la vista apoyada
en un calendario ya amarillo
hay una voz que flota
y no interrumpe
nada

las células rojas
las células blancas
las células tercas y muertas
se van reuniendo todas
a velocidad de avispa
para arreglar 

el cuerpo sobrante,
el daño irreversible,
al menos una mínima parte,
algo que haga valer
el ruido sordo de la agonía

breves indicaciones,
algún que otro consejo
sensato y sin sentido
expulsado
hacia el aire denso
de la habitación.
una posible imagen de dolor
comienza a fermentarse
en nuestras cabezas,
durará días,
desvelos,
nos mantendrá despiertos
como el picoteo perpetuo

del tábano
sobre el lomo
de un potrillo malherido.










jueves, 22 de noviembre de 2018

Malhumoradamente infecto

malhumorado,
baja

sin saberlo
a su sótano mental
ante las pupilas
ajenas
sin que nadie lo vea,
baja a rodearse
de ideas
impronunciables,
sucias,
sobre mí,
sobre vos también
que lo miras de reojo:
la distancia humana
depende
de la profundidad
de los ojos.

baja a su zona
restringida
y abraza las palomas
que arrincona
en la esquina
peludas, podridas,
muertas:
alguien con quien hablar.
no le gusta las ventanas
ni ventilar,
ni el viento
porque el viento
puede al desplumarlas
revelarle
sus cruentas miserias.

de modo que baja
la calma
con un cigarrillo
partido y mentolado.
la suerte
es de quien avizora
la unión de las baldosas.
baja a su cerebro
infecto
con paso fúnebre
y sin pose.
baja tanto que al subir
un gesto de afecto
puede significar
lo contrario,
y un ramo de rosas
derretirse
junto a la moral,
manchar las manos
con sangre
real.








miércoles, 21 de noviembre de 2018

La ventana que da hacia el este está rota

la ventana que da hacia el este
está rota.
es un asterisco de vidrio
con filo y sin fondo
por donde va metiendo 

sus dedos perversos 
el verano.
el calor regresa 
con esa pretensión 
de vender alegría vaga
y medicada.
ya al mediodía,
el día empieza a coagularse

y me mojo un poco
la cabeza,
me pongo
la musculosa gris
que fue antes
mi remera negra favorita
que será en un futuro
apenas otro
 trapo de piso
abandonado
en el paladar 
plástico
de una palangana roja,

y así.

nuevamente
y como siempre
el tiempo corroe como nunca.
si se va,
es para volver aún más violento.
como un mar que se arremanga
hasta el antebrazo,
escupe toda la mugre
y se la vuelve a tragar,
una y otra vez,
se masturba con nuestros miedos
para no envejecer.
pienso, pienso, pienso
todo esto mientras bichos
de último modelo
aterrizan
sobre la pantalla insomne,
van reemplazando 

los casilleros vacíos que dejan 
las letras no escritas. 

el tiempo corroe como nunca
y no está mal divagar,
soñar con dormir la siesta
en un campo sin horizonte
bajo la sombra lábil que obsequia
la copa de un árbol vetusto,
pero primero hay que asomarse
con cuidado por la ventana
y constatar si la luz
se cortó solo bajo 

este techo
o afectó también

al resto de los dificios.













sábado, 10 de noviembre de 2018

La misma lluvia

mojadas
por la tormenta,
infladas
por el miedo,
después tampoco habrá tiempo
para la búsqueda
del por qué
del cómo

quien de todas fue la primera
en malcriar la paranoia,
con un burdo aleteo
contagian el terror.

y el agua 

que lo ensucia todo,
que embarra la vista
con su melodrama
fotogénico

 y las palomas
desesperadamente 

elementales
no necesitan  razonar
nimiedades, ni edades,
ni miedos mentales
ni aceptar que ven sombras
donde no deberían.
ellas buscan refugio
donde sea que puedan
solo encuentran
muertes solitarias
en veredas partidas. 


caen en seco,
 una por una
se desploman 
y a pesar
de la tenue respiración
que todavía las ocupa,
agonizar parece esconder
un motivo tan inútil 

que es estético:
elegir la mejor manera
de posicionarse
de cara
a la descomposición.