sábado, 13 de octubre de 2018

Veo yo en las pupilas

veo
en las pupilas gelatinosas
de la vaca
que mete y saca
mete y saca
la cabeza
por el alambrado
y atrapada y todo
feliz queda

veo yo
una libertad genuina
e inhumana
una paciencia única
que hasta podrían
terminar de licuarse
los glaciares,
volver a crecernos aletas
de un día para el otro,
como tubérculos
abandonados
en el último cajón
de la heladera,
y nada de eso
le cambiaría el gesto

una paciencia
que no logro encontrar
en el reflejo de mis pupilas
enrojecidas
en y por una pantalla
en blanca
yo que, solo me veo
metiendo y metiendo
la cabeza
en un panal sin fondo,
cuanto más adentro más espejos.

una libertad
que hasta la garganta tiesa
del mártir apoyado
en la guillotina envidiaría.







sábado, 6 de octubre de 2018

Ya no sostiene el mismo volumen

ya no sostiene el mismo volumen. 
de a poco sus ladridos
se van alejando,
llevándosela
también a ella,
a un lugar completamente
desconocido para mí.
una oscuridad
propia y auténtica
como las que inventan
las luciérnagas cuando
se apagan.


además de llorar con la cabeza
ante lo inevitable,
apoyo mi palma
en su lomo, despacio,
para no despertarla,
apenas, como toco
una pava de acero
para ver si sigue caliente,
con la obsesión
de la embarazada que acaricia
su panza
para ver si sigue ahí.

en un tiempo próximo,
minado de angustias,
se que volveré
sobre el mismo gesto
pero esta mano
no recibirá ya más latidos,
solo tierra pegada,
pequeñas ramas caídas
de un árbol enfermo
que no da nada
más que sombra
floja.

lo que crezca de ese claro en el jardín 
llevará tus huesos
en su adn.
y eso ya es bastante.
















jueves, 27 de septiembre de 2018

Otra mañana hermética

dos metros cuadrados
de verdad
me obsequia la 
única ventana 
de mi cuarto
y son suficientes para llegar
a una conclusión:

aunque esté en desacuerdo,
ya pasaron varias horas
desde que el sol
mostró la puntita de su uña,
y a pesar de que las nubes
fueron ocupando el cielo,
democráticamente despacio,

afuera los canteros siguen brillando
igual o más radiantes
que los espejos retrovisores
de los autos
gracias a las botellas de plástico
que, con sus poros diminutos,
abastecen de agua
las raíces
de los árboles en crecimiento.

bla bla bla
qué importa
la poesía,
ese apéndice invisible
del cerebro
que cuelga bobo
como un rabo sucio.
qué importa
si total puedo pasarme
la vida entera metido
en esta mañana hermética
que avanza mansa
y a poca velocidad
como un gigante con demencia.

otra mañana
de luz blanca, bruta y artificial
toda de lleno,
en la cara
para mí
solo.









domingo, 23 de septiembre de 2018

la oscuridad también habita en los estómagos de tus microbios, no lo olvides

claro que lo mejor es
cruzarse de brazos,
tragarse el silencio
y aceptar el fluir espeso del tiempo. 

fui el ignorante que aguarda
el diagnóstico terminal
en los corredores huecos
de un hospital sin calefacción 

fui también el blanco de las dudas 
que se reagrupan
en silencio, lentas,
divagan como satélites en el espacio,
a oscuras,
como espías envueltos en trajes
hechos de bolsas de consorcio
a la caza de tus inseguridades domésticas. 

fui la planta en la espera por marchitarse definitivamente que arrancan de raíz
con unas manos plagadas de dudas y mordidas de esos molestos insectos que abundan en verano 

e hierven 
para hacer un té que por la noche no te deja dormir, 

pero te hace sentir un poco menos apenado con la vida que llevaste hasta el punto en que decidiste hacerte un té para dejar de sentirte tan miserable. 

fui la espera del otro lado de la puerta,
las sombras también, de esas que te hacen sentir que hay alguien del otro lado aguardando por vos 

y la decepción de las bisagras vírgenes, oxidándose. 

ah,
    y el diario no llegó hoy,
pese a haber estado esperando toda la tarde. 

las manos sobre el aire, tratando de aguantar el peso de la ausencia. 

siento las muñecas arder
como los cuellos de los corceles por las ataduras que los obligan 
a arrastrar un carruaje fúnebre 
por las polvorientas calles de tierra de un pueblito vacío
sin poder estacionarse. 

fui el clavo doblado
que perforó cada una de las maderas
con las que tapiaron las ventanas de mi casa,
y hoy me arrepiento.

fui la penumbra que se hizo cuerpo
y la botella con agua de la canilla
que sigue pariendo burbujas porque sí 

si la palabra hablada no sirve y lo que cuenta son las acciones
el origen de este desastre cuelga directamente de nosotros.

como dos horcas nuestras manos
cargan la herencia bastarda de la caricia y el golpe, 
han obedecido las órdenes de la muerte
y engarzado los tobillos de los recién nacidos, 
despojándonos de la inocencia primera,

el primer llanto siempre es de dolor. el espacio sabe enseñar la diferencia, dos pares de hombros dispuestos paralelamente,

una mirada a punto de inundarse se abalanza sobre el comienzo de uno de los brazos
y es desde es mismo brazo
que nace la mano que aprieta la nuca y es esa misma mirada, la que quiebra a su par colapso simultáneo,
   contención en la similitud,
      y la identidad dejada a un lado. 

la virtualidad de las comodidades para una errónea percepción del día, 
- las persianas sin correa para levantar
- todas las luces quemadas
- una habitación que oficia de cenicero
- una voz que no tiene con quien enfrentarse
- una columna con delirios de formación rocosa
- las uñas largas aferradas al suelo
- un aire helado que corta las pestañas 

¿y qué nos queda de de todo esto? 

¿sueños?,
no, ni siquiera sueños, 

anhelos en potencia, 
pretensiones a futuro que claudican
ante los límites arquitectónicos que hemos erigido 

vos, yo, nosotros, todos, la historia tonta 
que pulula arriba, detrás,
debajo nuestro como una estructura
de vigas y andamios en constante
movimiento

nuestra razón de ser fue siempre el encierro 

¿hasta dónde llega mi voz? 
¿cuánto tiempo aguanta con vida una misma emoción?
¿cuánto tarda el amor hasta convertirse en parodia? 

qué es un corazón
sino una bolsa de puro humo
que de buenas a primeras se rompe liberando
la alergia y los males de este mundo 

es inevitable.
con la cara triplicada 
ante al espejo rebota siempre 
la misma pregunta: ¿qué culpa tiene el cuerpo? 

si ya lo han devorado, regurgitado, despojado de humanidad, quebrantado su espíritu, acallado su voz, si ya lo han escupido, triturado, lo han tirado abajo de la línea de subte más insegura de la ciudad, le han quebrado las piernas, roto los brazos, obligado a mirar al cielo esperando por un sol que nunca llega, si le han mostrado sus sueños incompletos, le han ejecutado a su familia frente a sus ojos, lo han enterrado, le han perforado el abdómen con lanzas en una dudosa representación de la muerte de jesucristo, lo han resucitado, le han hecho creer que realmente valía algo solo para re-afirmar la miseria que guarda, lo han decepcionado, le han roto su corazón, lo han privado de sus cenas, no le permitieron tener un cumpleaños, si ya han roto su hogar, y lo obligaron a vivir en las alcantarillas que ni las ratas saben habitar, le han recitado poesía barata, si ya le prohibieron escribir, le censuraron la expresión, le cortaron sus manos y las reemplazaron por pezuñas de chanchos que lo fuerzan a comer crudos. si ya le han quitado todo. 

¿qué culpa tengo? 
¿por qué cargo con todo esto? 
¿por qué no me permito salir de mi habitación después de tanto? 
¿por qué me auto-reprimo? ¿por qué me exijo tanto si sé que nada puede satisfacerme? 
¿qué nos queda de todo esto? 
¿que podemos hacer con todo esto? 

y claro que lo mejor es
cruzarse de brazos,
tragarse el silencio

y aceptar la auto-mutilación de todos los dias, esperando que de uno de esos días, pueda nacer algo que realmente valga la pena.




escrito con el cráneo afectado de mi amigo massimo 

domingo, 26 de agosto de 2018

Todo lo que pienses será apenas el borrador de un epitafio cubierto por el musgo

el amor y el odio,
la familia y el orden,
el dolor inherente,
el nacimiento viene con la pala incluída
para cavar la tumba de los padres,
la niñez eterna y fugaz,
la bicicleta petrificada en el jardín
cediendo ante la lepra del óxido,

la mecánica de la lengua,
a veces, se descontrola
disolviendo amistades
y fabricando enemigos,
la realidad imaginada,

el fetiche perverso,
los libros que no leí
y los que sí,

inútiles en situaciones límites,
las luces apagadas,
la alarma puesta,
las puertas de la casa bajo llave
y de metal,

la ley es un corset que acogota,
y la libertad un no se qué trunco.

la tiranía del chat, el chip, el usb, la red,
la telaraña que veo, 
contemplo 
y nunca limpio las paredes de mi cuarto,
los pelos en el jabón agridulce,
la descendencia escupida en el desagüe,
el termotanque que ladra,
la ducha: el lugar más íntimo 

e inseguro del mundo,
el tedio a un metro del ocio,
la fiesta a la que nunca te invitan,
el fuego tierno de 
los viernes 
sin planes,
la soledad maquillada con sexo 
atolondrado,
el abridor que siempre falta,
la piedrita del encendedor que todo 

lo interrumpe,
los silencios incómodos 

que de vez en cuando se ríen de nosotros,
la vergüenza espesando
 el presente
me aprieta.



entonces: el ocb, el thc, el lsd,
el acv que asoma sus ojos blancos
por la medianera de cartón,
si lo pienso no es falso

si lo pienso no es falso
si lo pienso no es falso,
el tembleque discreto,
la paranoia creativa,
y al toque nomás,
la risa como una garganta en la panza,
la charla empastada,
la neurona cansada,
las ojeras que delatan,
el hambre que araña,
el empacho que duele,
la fiebre que sube,
la resaca afecta 

más los domingos de fin de mes,
el arroz recalentado
la cama deshecha,
el cuerpo encorvado 
como un garfio sin filo,
la salud impoluta es un problema mental 
digo y pienso que vivir
es un trabajo de medio tiempo,
mal pago y sin ascenso,
mientras todo lo demás
también
depende de la muerte

y su perpetuo imperio.












miércoles, 22 de agosto de 2018

Vórtice

es que lo que apaga 
el sueño a madrugada 
es el bardo de un taladro 
descontrolado 
que gira mete grita
y nunca pero nunca más
se domestica.

es que tengo un remolino 
sobre la tapa de mi cabeza 
y vos venis y me traés otro.

dejás un agujero 
del diámetro de tus pupilas 
para espiar mis inseguridades
y yo: ojos al piso,
brazos holgados,
cuerpo hecho un gancho.

verguenza y silencio
de quien todavía 
sin haber montado la escena 
de un crimen infame, 
ya imagina los protocolos 
que corresponden 
a la del perdón. 







miércoles, 15 de agosto de 2018

Hipocondria mal curada

nadie recuerda en qué
pensaba cuando niño
a los golpes contra
el ruido blanco
de un televisor
efervescente.

no había contracturas ni ansiedades
ni humo sucio entre dos dedos calcios

fui testarudo
como un mosquito adicto
al tubo de tungsteno
eso sí: no tenía alas
ni la tristeza ancha
de no saberlo

no tenía nada
más que la ligera inocencia
que de vez
en cuando extraño cuando
se me tapia la ventana
que da al mundo
de los vivos -y a vos
qué parte
del cerebro te comió
la radiación.

hay que acostumbrarse
a los efectos
de la hipocondría mal curada
y a su escenario recurrente:
yo en el centro
con una vela prendida
que infla
y desinfla las paredes
de una habitación
cerrada.
taquicardia que mueve sombras
del tamaño de montañas.