martes, 28 de octubre de 2025

Yo arranco

No es que me sienta defraudado. No es que tu voz se encasca en agudos que salpican chispas corrosivas que ni escucharlas me atrae. No es que tus intervenciones no logren romper el anillo que te rodea. No es que evites preguntarme más allá de estos tan acá. No es que no me interese tu punto de vista. No es que tu discurso sea un guion largo e interminable que recorre tu contorno como un imán en cinta pegado a tu lengua. No es tu seguridad sobre lo que te gusta y lo que no, lo que sos y lo que jamás. No es que usés miradas prototípicas anexadas a cada emoción calculada. No es tu carencia en las variaciones temáticas ni tu avistamiento de drone sobre el Google Maps. No son tus viajes sin sustento a bordo de aerolíneas internacionales. No es tu carry on ni tu carrot cake lo que aplaca mis intentos de plegar el coqueteo. No es tu poca acrobacia verbal para expresar en qué materia acuática te hundís noche a noche sin tu clona. No tiene que ver con el arrebato al que sometés mi espontaneidad. No es el escudo de lata importada con el que protegés tu autoestima. No es que no entiendas los multisentidos que propongo. No son mis visiones graves de tus hechos banales. No es que mi humor esté contracturado, es que no le haces lugar, no te importa, me aburro asique creo que arranco.







martes, 14 de octubre de 2025

Paquera

qué tanto, entro, toco el timbre,
saludo con el puño al mozo de turno
que ya me conoce. pido algo caliente
y me lo dan, pido azúcar
para que la glucosa absorba
las flotaciones de sustancia y le mando
tres cucharones, que se borre bien
la transparencia ocre del té,
pido ir al baño y me limpió el top,
me lavo el pelo, papel higiénico
con lo que lo seco.
examino mi incipiente alopecia.
tengo miedo por un segundo
de que se trabe la vena trasera,
de que se derrame
un lazo de seso por un oído,
ojala que se escape la virulana
que cargo por cerebro
y ya que estamos,
que se vaya también la cara
de caballo lamentable de Javi
y la baranda a plástico quemado
que me deja en cada beso.










martes, 30 de septiembre de 2025

Panamericana

Risas y ecos contra los vidrios
de la planta industrial
que por un tejemaneje se secó.
La Panamericana brilla como un tramontina
en las afueras de la capital.
Canchas de fútbol donde el césped amarillo
tímido ya no hace sonido al crecer.
Concesionaria de maquinaria agrícola;
fundidas, claro está.
Babilonia, Honolulu, Discreto. Eros. El Dorado.
Los nombres de ensueño de los telos
pasan como un paño sobre las gafas
de un camionero acelerado: la YPF, la banquina
o mear en la botella
y acabar, por fin, con este martirio.






Noche hecha concha

La cantidad de energía puesta
en la tristeza abstracta de los grandes escribas.
Las canciones de la temporada
sonando a jeringazos en los auriculares.
Nada tienen que ver
con esta noche hecha concha.




viernes, 26 de septiembre de 2025

Sobre la esperanza

queriendo pegarle la suela
a su zapatilla favorita, comprando
pegamento para no pagarle al zapatero, apretando
con dulzura el pomo para que salga su contenido, untando
con un cuchillo de manteca la sustancia
para que se impregne al calzado, esparciendo
sobrantes de adhesivo antes de que se seque, presionando
la punta contra la pared, empujando
con fuerza el talón contra la mesa, rogando
que le salga una entrevista esta semana.






martes, 23 de septiembre de 2025

Algo pero no se qué

Ponele que tardamos tres horas.
Ventisca, atención a las pisadas,
el aire entrando en comba por la nariz.
Alrededor de una antena,
unas vacas descansaban
con el monte sosteniéndoles el mentón.
El viento tubular me lustra
los oídos con su hisopo invisible.
Algo de arena se desprende
y entra a mis párpados.
Calma de pronto que al final no dura un pedo.

Por el cono de un megáfono 
la voz de la feria municipal 
trepa re gede, encara, sube,
amaga, sigue, ta ta, taaaaa...
se sienta al lado mío y me distrae
de lo que estando acá en la cima debería sentir.
















El niño bobo

El niño bobo no sabe afeitarse,
gusta de acariciar su vello facial
como a cualquier animal
que le pase cerca.
Hermosa es la música
que hace sonar
cuando pasa deslizando
su palo por las rejas de las casas
porque para él todo es hermoso.
Sin eco. Una vida en grado cero
carente de contrastes.
Un hotel abandonado
alumbra su imaginación.
En el piso más alto, un candelabro
de tanto en tanto titila.
Le debe haber quedado electricidad
en el cableado.
Al niño bobo le quedó un shot
de arroyo adentro
y escucha todo como atrapado
en una cabina de plexiglás.
Si llegás tarde y subís
por la calle céntrica,
seguro te saluda.
Algunos le contestan,
otros lo ignoran,
todos lo recuerdan.
El niño bobo amansa
los perros sin correa con la mirada
y para no perder la racha de felicidad
revienta un sapo de un ojotazo
y se parte de risa.