es que lo que apaga
el sueño a madrugada
es el bardo de un taladro
descontrolado
que gira mete grita
y nunca pero nunca más
se domestica.
es que tengo un remolino
sobre la tapa de mi cabeza
y vos venis y me traés otro.
dejás un agujero
del diámetro de tus pupilas
para espiar mis inseguridades
y yo: ojos al piso,
brazos holgados,
cuerpo hecho un gancho.
verguenza y silencio
de quien todavía
sin haber montado la escena
de un crimen infame,
ya imagina los protocolos
que corresponden
a la del perdón.
miércoles, 22 de agosto de 2018
miércoles, 15 de agosto de 2018
Hipocondria mal curada
nadie recuerda en qué
pensaba cuando niño
a los golpes contra
el ruido blanco
de un televisor
efervescente.
no había contracturas ni ansiedades
ni humo sucio entre dos dedos calcios
fui testarudo
como un mosquito adicto
al tubo de tungsteno
eso sí: no tenía alas
ni la tristeza ancha
de no saberlo
no tenía nada
más que la ligera inocencia
que de vez
en cuando extraño cuando
se me tapia la ventana
que da al mundo
de los vivos -y a vos
qué parte
del cerebro te comió
la radiación.
hay que acostumbrarse
a los efectos
de la hipocondría mal curada
y a su escenario recurrente:
yo en el centro
con una vela prendida
que infla
y desinfla las paredes
de una habitación
cerrada.
taquicardia que mueve sombras
del tamaño de montañas.
pensaba cuando niño
a los golpes contra
el ruido blanco
de un televisor
efervescente.
no había contracturas ni ansiedades
ni humo sucio entre dos dedos calcios
fui testarudo
como un mosquito adicto
al tubo de tungsteno
eso sí: no tenía alas
ni la tristeza ancha
de no saberlo
no tenía nada
más que la ligera inocencia
que de vez
en cuando extraño cuando
se me tapia la ventana
que da al mundo
de los vivos -y a vos
qué parte
del cerebro te comió
la radiación.
hay que acostumbrarse
a los efectos
de la hipocondría mal curada
y a su escenario recurrente:
yo en el centro
con una vela prendida
que infla
y desinfla las paredes
de una habitación
cerrada.
taquicardia que mueve sombras
del tamaño de montañas.
jueves, 26 de julio de 2018
El aprendiz
quiero
los cachetes calientes
en plena siesta del perro,
estar así nomás,
echado bajo el primer
sablazo del sol
que cruza la ventana
a mediatarde.
no tener opinión alguna.
los cachetes calientes
en plena siesta del perro,
estar así nomás,
echado bajo el primer
sablazo del sol
que cruza la ventana
a mediatarde.
no tener opinión alguna.
aceptar, así como así,
la tragedia del horizonte,
sin interrumpirlo,
ni acusar nada.
vi al árbol deshacerse
sobre hojarasca podrida,
mientras seguía
pidiéndole explicaciones
con sus palmas abiertas
de ramas
a un impasible cielo otoñal
y lloré con él.
quien pudiera
encontrar el equilibrio al pie
del barranco,
como hace el campesino,
que, parado,
frente a la desgracia
más tremenda,
ve la lluvia doler
sobre su barro
cada vez más barro,
las semillas ahogándose
fuera de su estómago.
la bronca metida
como una tuerca
en la tráquea
y el humo de un tabaco,
que a cada seca que le da,
raspa y sabe mejor.
miércoles, 25 de julio de 2018
Periplo cannábico
entre los cuerpos
que se maceran en thc,
el humo se hizo espuma
en la habitación,
ya no sube más.
detrás del tembleque
de las nucas secas, duras,
de las ojeras que alojan
ojos que devuelven
píxeles, lágrimas, imágenes
de un mundo paranoico
y mal sintonizado,
algunos juegan al yo-yo
con su cerebro
otros desenredan
el ovillo esperando que
por fin aparezca
la cola de la serpiente,
el topo asomándose
del suelo hueco
con la verdad entre dientes,
la legendaria caja negra
aclarando el accidente
en el que, de tanto en tanto,
nos metemos
un poco sin control,
otro poco por diversión
a nadar como gusanos,
en el compost
que se maceran en thc,
el humo se hizo espuma
en la habitación,
ya no sube más.
detrás del tembleque
de las nucas secas, duras,
de las ojeras que alojan
ojos que devuelven
píxeles, lágrimas, imágenes
de un mundo paranoico
y mal sintonizado,
algunos juegan al yo-yo
con su cerebro
otros desenredan
el ovillo esperando que
por fin aparezca
la cola de la serpiente,
el topo asomándose
del suelo hueco
con la verdad entre dientes,
la legendaria caja negra
aclarando el accidente
en el que, de tanto en tanto,
nos metemos
un poco sin control,
otro poco por diversión
a nadar como gusanos,
en el compost
de la razón.
hasta que después,
para todos por igual,
el bajón.
hasta que después,
para todos por igual,
el bajón.
miércoles, 4 de julio de 2018
¿Lo peor ya pasó?
metido en la bacha
enorme, arropado
hasta la frente
de agua tibia.
tengo una corona
de vapor
que no alcanzo a ver.
un rey sin territorio.
tabula paja
y la mente
seca como
menta fresca.
ahora
me reincorporo
con las piernas
temblando
en esta realidad
que es una pista de hielo
agrietada,
-tajos por donde
espía el tercer ojo tuerto
de dios.
desnudo
y en puntas de pie,
camino
con la incertidumbre
de un cabrito
recién nacido,
tanteo a oscuras,
dónde habrá una toalla,
un abrigo,
un abrazo para esconderme,
una guarida
tan efectiva como a la vez
endeble.
enorme, arropado
hasta la frente
de agua tibia.
tengo una corona
de vapor
que no alcanzo a ver.
un rey sin territorio.
tabula paja
y la mente
seca como
menta fresca.
ahora
me reincorporo
con las piernas
temblando
en esta realidad
que es una pista de hielo
agrietada,
-tajos por donde
espía el tercer ojo tuerto
de dios.
desnudo
y en puntas de pie,
camino
con la incertidumbre
de un cabrito
recién nacido,
tanteo a oscuras,
dónde habrá una toalla,
un abrigo,
un abrazo para esconderme,
una guarida
tan efectiva como a la vez
endeble.
viernes, 29 de junio de 2018
El que triunfa es el óxido
¿a quién destinaré la queja última
cuando los días se vuelvan
cuando los días se vuelvan
realmente calamitosos?
días de bostezos
y robóticos
movimientos,
días en que truenan
los huesos
mientras un velo
de herrumbre
recubre los gestos,
las penas,
las ideas,
sus tropiezos.
hay algo metálico
en la vejez
y un imán
en la forma redonda
del punto final,
pero ni un domo
en el lomo,
un bamboleo
en la columna inestable,
un andar oblicuo
que tuerza el mundo,
una vista perpetua
en la punta de mis pies,
será en función
de reverencia
hacia nadie.
días de bostezos
y robóticos
movimientos,
días en que truenan
los huesos
mientras un velo
de herrumbre
recubre los gestos,
las penas,
las ideas,
sus tropiezos.
hay algo metálico
en la vejez
y un imán
en la forma redonda
del punto final,
pero ni un domo
en el lomo,
un bamboleo
en la columna inestable,
un andar oblicuo
que tuerza el mundo,
una vista perpetua
en la punta de mis pies,
será en función
de reverencia
hacia nadie.
sábado, 23 de junio de 2018
Abulia
indómito,
algo está creciendo
sin permiso
a espaldas
de tu zen-tido de relajación
mucha gomaespuma
escapándose
entre las costuras del sillón
mucho poder conferido
a un cráneo
frágil como de porcelana
de un momento a otro
algo está creciendo
sin permiso
a espaldas
de tu zen-tido de relajación
mucha gomaespuma
escapándose
entre las costuras del sillón
mucho poder conferido
a un cráneo
frágil como de porcelana
de un momento a otro
recordarás que tenés
extremidades sensibles,
con filamentos nerviosos,
te levantarás
a buscar una frazada
que te envuelva de las pantuflas
hasta el tope.
una momia en formato doméstico.
y así avanzan las horas van
galopando rabiosas
sobre la tierra infértil
de una noche sin planes.
de a poco
el sillón se vuelve más cómodo
los ojos arden,
los párpados se aflojan
y sin graduación alguna
una pesadilla te traga de golpe
como una boca sin labios
que no sabe dar amor.
a la mañana, estornudás
y te das cuenta que estás vivo.
parece que algo vino de afuera.
un viento frío y anginoso
proveniente de la puerta trasera,
que estuvo, como siempre,
sin llave, sin arreglo,
rebotando
a modo de mantra
y reloj despertador.
extremidades sensibles,
con filamentos nerviosos,
te levantarás
a buscar una frazada
que te envuelva de las pantuflas
hasta el tope.
una momia en formato doméstico.
y así avanzan las horas van
galopando rabiosas
sobre la tierra infértil
de una noche sin planes.
de a poco
el sillón se vuelve más cómodo
los ojos arden,
los párpados se aflojan
y sin graduación alguna
una pesadilla te traga de golpe
como una boca sin labios
que no sabe dar amor.
a la mañana, estornudás
y te das cuenta que estás vivo.
parece que algo vino de afuera.
un viento frío y anginoso
proveniente de la puerta trasera,
que estuvo, como siempre,
sin llave, sin arreglo,
rebotando
a modo de mantra
y reloj despertador.
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