lunes, 26 de febrero de 2018

La venganza tampoco te salva de la muerte malsana

de pie, cada uno desde su mirador
de inseguridades individuales.

¿qué buscamos en el cielo?

¡oh! ¡oh! otra día más
el reluciente
culo gordo
del sol 
quemándose 
a lo bonzo.

¡qué ejemplo!

otra vez amanecer
unos milímetros
más agrietado
que ayer,
el espejo del baño y yo. 

la gran envidia
son las aves
que beben
su reflejo
sin cerrar siquiera
los ojos.
sin siquiera
devolverle
nada al lago.

la esperanza
sigue adormecida
y si me seguís mirando
me veo obligado
a enterrarte
los dedos
más largos
que me cuelgan
hasta la garganta.
enterrarte
nudos de algodón
para cortarte
el sangrado
y a la pasada,
callarte.


la venganza es un acto divino de proporciones superiores
al ataque causante
” –pensó el otro y le apuñaló el pecho
con la punta más afilada de su esplendorosa cornamenta.





La vuelta a casa

te desaparecieron las agujas del reloj
camino a casa
no así la ropa que olvidaste en el tender
mantiene los recuerdos
endurecidos como una momia,
acumula humedad y fragancias podridas
que emergen de la tierra
en madrugada,
como si lo muertos bostezaran su aliento
después de un letargo milenario.
te desaparecieron las agujas del reloj
mientras cruzabas borracho
baldíos que hacen a la vez
de basurales, telos y morgues caninas
crujientes hojas caían
con el azote brusco
del viento sur
a lo lejos alguien te hizo señas
pero no lo viste
porque ibas volviendo
cabizbajo,
con la pera pegada al pecho
-un sabueso buscador
de colillas.

caminabas por lo que alguna vez
fue tu barrio
con el orgullo incómodo
de quien traga sus respuestas 

para no sentirse presumido.
tiritabas tonto de frío
pero lo aceptaste
hasta llegar a disfrutarlo.
mañana siempre hará calor
y ojalá siempre pueda reaccionar
de la misma forma con el resto de las cosas
que están en peligro de extinción.







lunes, 12 de febrero de 2018

Queda terminantemente prohibido ingresar al establecimiento con la capucha puesta

negro,
rojo,
nace el llanto
luego el niño.

gotitas de líquido amniótico dan relieve
a la vida
que un rescatista de ambo blanco recibe,
y con La Luz, brillan arco iris
en cápsulas.

“queda terminantemente prohibido
ingresar al establecimiento con la capucha puesta”
alarma un cartel
que tu atuendo engarzado a una oz
desobedece.

Íntegra e infame
vas a venir
con la sangre colgando
entre manos
como un ramo de rosas
derretido,
al menos,
yo no hundiré las mías
en el aljibe
a juntar agua bendita
menos en la tela-barba enmarañada
de ese dios de humo
de esa pieza sobrante
de tu protuberancia,
¡razón!

¡asumí!
las directrices que disparan
las palabras
cargan con la condena atroz
de ser desmanteladas
(no por curiosos, por nosotros),

cómo será de cruel el hambre
que me cierra
la garganta,
me encinta la panza
con los brazos
no bien veo caer la lágrima
en el ojo blanco
de mi animal sacrificado.






miércoles, 7 de febrero de 2018

Candados firmes y la mueca dura del guardián de mis temores

por los siglos
de los años de mi cuerpo
se ha ido esparciendo
como un rumor 

de mal gusto
como un tumor
provisoriamente
no tan duro

¿cómo puede inalterable 
el guardián de mis temores
seguir haciendo ula-ula con las llaves de mi pecho?

para no pensar el futuro,
duermo cómodo de dudas
alargadas, quietas,
hipnótizadas,
por el mismo
movimiento
espiralado, 
algo así 
como el bebé que, 
con tal de que no llore, 
ríe como estúpido
al sacudir su sonajero,
olvida el hambre,
la muerte, 
la sed,la falta,

por no pensar el futuro,
es que ando
nervioso
y sinsentido
como un oso 

frente a las botas
sucias 
de su cazador.







viernes, 5 de enero de 2018

Vendavales veraniegos

me gusta entregar
mis ojos a la anarquía del viento
ver como patalean
las hojas del pino
en la punta más alta del patio
oír como caen de maduro
los duraznos

/listos para poner la olla
 en la hornalla las manos a la obra
 no sé cuántos muchos gramos
 de azúcar hacen falta menos no sé
 cuánto espacio necesito para guardar
 cada cosa que cosecho./

disfruto ser testigo de la violencia
indirecta con que el viento
va venciendo las ramitas,
amplificando las caídas
en un aterrizaje sangriento,
estruendoso, sobre baldosas
que no pienso limpiar.
así son los nacimientos:
un enchastre permanente
del tamaño de una vida
pero en un cuarto cerrado
sin aire llaves
persianas ventanas
ni puertas mientras
 seguimos como náufragos
buscando interruptores en la pared.
el antiquísimo misterio
de cómo mierda se prende la luz.






viernes, 15 de diciembre de 2017

Puntillismo

qué onda que hace más
de una hora que no se calla ese
crack crack crocante, constante,
que no me deja pensar en algo concreto
y filoso que abra de un tajo el presente.
dónde, en la estructura, en el orden,
en la geometría de este universo
bordeado tiene que haber
un huequito por ahí
para meter la cabeza,
dejarla en remojo.
una hora nomas.
descansar la carne.

a veces soy yo,
hoy son moscas mosquitos
todos los drogadepedienes
alados y por haber, cabeceando
inmunes al dolor la misma
bombilla de luz.
no entiendo la maliciosa ansiedad
de los invertebrados.
por qué me lo recuerdan
por qué no esperan a mi apagón final
para acorralarme, 


francamente, a oscuras
no me va a importar nada
que los gusanos graben
arabescos bajo mi piel
blanquecina.
ríanse de mi muerte,
hagan lo que quieran.

pero por qué tengo que compartir mi mundo con otros. 


en una hamaca paraguaya,
meciéndome como un péndulo
con un cacho de vida adentro
busco el trance.
aparezco y reaparezco
por la sombra del jardín,
así también las estrellas
en la atmósfera fantasmal
y el crepitar de un cigarrillo
a madrugada
que con gusto fumaría
sino tuviera el atado
estrujado en mi mano,
vacío,
en cinco dedos
travestidos en un puño
iracundo,
retorcido en celo.







martes, 12 de diciembre de 2017

Soñar la peste

una voz que no era la de los curiosos
que miraban de reojo
ni la de los sádicos que miraban
a través de una pantalla
dijo: "el aire que olvidaste respirar
ingresó igual de intempestivo
que una idea perversa o un parásito
de esos subcutáneos 

que a medida que se alargan
se camuflan entre las venas candentes".
 
no sé cómo ni por qué
pasan esta clase de cosas
de tener escalofríos en las tripas
y sin más preámbulos, caer
encima de la vía pública.

ahora estoy con el rostro con suerte
respirando apenas tapado del todo
con la frazada que compré
en la última mudanza.
recuerdo éste mismo calor,
 un febrero agrio,
 quiebres en proceso
que hoy son fallas inmensas, 

visibles gracias a la amplitud
que otorga la distancia.

la botellita de agua mineral al lado de la cama
para que la fiebre no suba, la sed se calle,
y un fantasma arropado 
hasta las orejas
durmiendo cinco minutitos más, eternidad 
que dura lo que tardo en despertar.