jueves, 10 de diciembre de 2020

Respiro lo prestado y me la banco

que el universo esto, que el universo lo otro, 
que lo que a mí me pasa es consecuencia directa 
de mi matiz propio: folletos 
que un pelado en patas entrega en la plaza
van terminar arrugados en el bolsillo
de mi campera. y de ahí, el bollo al tacho.
y mirá que trato eh, pero no hay caso, no puedo
ver las cosas de ese modo. 
de qué interior me hablás que no lo veo; el interior
es un mito, 
un pliegue seco a cielo abierto y fin. 
nada sale realmente de tu costilla, ni siquiera 
ese fuego al que acercás tus manos 
cuando la cosa se pone jodida te pertenece.
todo es el resultado
de los conocimientos adquiridos 
más el oxígeno que de afuera 
viene, entra y si quiere lo alimenta. 
todo lo que existe
es un 
remix de la misma vibración.

que el universo esto, que el universo lo otro, 
que lo que yo exhalo es prestado y me la banco. 
























martes, 8 de diciembre de 2020

Aureola negra

el que roció el paredón con alcohol 
no es el mismo que accionó a continuación
el Lysoform como lanzallamas
ni el que, encapuchado, tapándose la cara
con los puños de su abrigo 
acompañó la travesura sin participar.
el que tiró la idea medio en serio, medio en joda, 
medio porque fue no es el mismo
que apenas vio 
el destello azulgrana del patrullero 
salió disparando hacia a otro lado 
ni el corajudo que finalmente 
chispeó el encendedor para concretarla.

ninguno es igual al otro
perocada uno es la sumatoria de los tres
cuando en diez años, caminando de visita
por las calles que alguna vez fueron tuyas,
te encuentres con la aureola negra
todavía estampada en el paredón intacto. 
de aspecto tibio, brillante, la contemplás
con ganas de que al acercar tu mano 
se active
un conducto 
que te succione
y te devuelva 
hacia esa dimensión anterior.














sábado, 5 de diciembre de 2020

Tercera edad

si hoy mismo me quiebro la pierna
ya fue, no pasa una, total a mi edad
las células se regeneran más rápido.
pero si mi abuela, sola, noventa,
de noche, el ruido del televisor
proyectado 24/7 desde el suyo
hacia el resto de los cuartos
que el destino de sus hijas
fueron dejando vacíos, se confía
y sin salirse de la cama, estira
el brazo más de lo que le da el cuero
para agarrar el control remoto
y resbala de las sábanas al piso
quebrándose el fémur en cuatro partes,
si eso pasa habrán de empotrarle
un clavo desde una punta a la otra
corte brochette y ni eso asegura
que vuelva cada cosa a su lugar, 
y por eso pasados seis meses
del episodio nadie se atreve
a decirle que no caminará
nunca más de corrido.





















jueves, 3 de diciembre de 2020

Episodio eyectado de un viaje en subte

ir en otra, como el resto, con la cabeza desanclada 
de su soporte natural y la vista perdida en los cables 
que se arman y desarman del lado malo de la ventana
y que una falla eléctrica detenga el trayecto 
que religiosamente hacés a la altura de los caños.
ni en la estación pasada, ni en la siguiente, 
las cuchillas se desenfundan donde tienen ganas 
y no hay pasajero que no tome dimensión de lo seguro
y sellado al vacío que estaba. por si a caso, 
nadie habla, nadie contesta, nadie suelta las manos 
de las costillas de la formación por miedo a perderlas.
al reiniciar la máquina, todo vínculo que el silencio 
subterráneo anudaba, se deshace sin cuestionamientos. 
allá en la superficie: mensajes empalados
a la antena que me cuelga esperan mi respuesta.

















viernes, 30 de octubre de 2020

Amnesia

no estaba en sus planes despegarse de sus cosas,
salir a comprar
el foco faltante del baño vino por defecto,
lo primero que agarró fue la yerba, después
la sal. no había en la tarde ni un gramo
de ideas que macerar, no
estaba mal solo.
en la fila del mostrador, manotea más productos,
-los innecesarios- mientras espera
que se solucione el desperfecto técnico
del Posnet. ahí la escucha, o piensa
que la escucha. la voz dura
tres palabras inentendibles para su lejanía.
su cabeza rebobina hasta encontrar
la ubicación exacta de cada letra, 
pero la actividad mental la realiza después, una vez
que entra a su casa
y temeroso, le da cuerda a la lámpara
que se niega a encastrar en el hueco
que le toca.

la voz le flota largo rato. de reversa,
va hacia el fondo impenetrable
de los fondos, hojea rápido su corta biografía,
piensa en espacios, tiempos, vórtices
recubiertos de revoque donde pudo haber caído
lo que busca y nada: el eco sigue
atrapado en su salón vacío: las ventanas, selladas.
hasta que
cuando parece que se está por acabar
la batería, que el meñique que sostiene
el débil pensamiento
empieza
a temblar
listo para convertirse 
en sustrato de otra cosa: un fogonazo lo ilumina 
rápido y no espera, demasiado rápido ilumina 
que al final no lo llega a fijar bien. 
el cortocircuito como vino se fue, cabizbajos,
los días como vienen se van y de la insistencia
por darle forma a lo que no tiene
nacerá negruzca una mancha
de hollín
que irá a fundirse como turba
con el resto de las cosas que no puede recordar.



 















miércoles, 28 de octubre de 2020

Camino sinuoso hacia el embalse

una vez que se toma el desvío
la señal desaparece. nadie nunca emitió 
datos desde esta parte del mapa como si
una fuerza antigua 
complotase para que nos entreguemos
de lleno
a la abertura ocular que despierta
el paisaje. 
pero cuando los neumáticos cambian su melodía 
al pasar del asfalto al pedregal, 
del otro lado de estas montañas, alguien suelta 
de un extremo y afloja la ruta.

ahora viajamos en bajada imantados
al dedo índice de un epiléptico. el trazo
cada vez más flácido, la desgracia
en cada curva titilando
atenta al pulso del conductor. no es silencio
lo que enfrascan estas cuatro puertas,
es otra cosa,
un panorama sin cocción, un presente
alteradamente vivo 
que nos baja sin sentido los parpados, nos manda
a dormir sin sueño 
hasta que 
el camino vuelva a ser 
la soga tensa que era. 









domingo, 4 de octubre de 2020

Contrapeso

se sabe que después tampoco habrá tiempo, nunca 
lo hay, no habrá manera, no tendrán la voluntad 
de identificar qué malformación en la partícula
primera hizo que de un portazo se diga todo lo que 
ninguno pudo antes: queda oficialmente inaugurado
el contrapeso en la superficie compartida, quedan
muteados cada cual a cada lado del dos ambientes.
en casos como éste, yo recomiendo dejar cargando
el buche hasta la última rayita, no meter tanta mano,
no tocar lo roto, no romper lo que no se puede tocar
sin romper y asentir, asentir, asentir las veces que sean 
necesarias hasta que el oxígeno entre, el CO2 salga 
y todo intercambio suceda de nuevo en armonía
y mecánico y sin pensamiento, pero ahí va, otra vez,
a la semana, otra discusión; a las horas, otro portazo:
ojo que ahora sí se lleva dos falanges al piso y un grito
que cae sobre el pubis al aire y quinceañero del vecino 
de abajo que, afectado, vacila entre llamar al 911 o ver 
de qué forma reactivar el ejercicio que dejó trunco.