sábado, 5 de diciembre de 2020

Tercera edad

si hoy mismo me quiebro la pierna
ya fue, no pasa una, total a mi edad
las células se regeneran más rápido.
pero si mi abuela, sola, noventa,
de noche, el ruido del televisor
proyectado 24/7 desde el suyo
hacia el resto de los cuartos
que el destino de sus hijas
fueron dejando vacíos, se confía
y sin salirse de la cama, estira
el brazo más de lo que le da el cuero
para agarrar el control remoto
y resbala de las sábanas al piso
quebrándose el fémur en cuatro partes,
si eso pasa habrán de empotrarle
un clavo desde una punta a la otra
corte brochette y ni eso asegura
que vuelva cada cosa a su lugar, 
y por eso pasados seis meses
del episodio nadie se atreve
a decirle que no caminará
nunca más de corrido.





















jueves, 3 de diciembre de 2020

Episodio eyectado de un viaje en subte

ir en otra, como el resto, con la cabeza desanclada 
de su soporte natural y la vista perdida en los cables 
que se arman y desarman del lado malo de la ventana
y que una falla eléctrica detenga el trayecto 
que religiosamente hacés a la altura de los caños.
ni en la estación pasada, ni en la siguiente, 
las cuchillas se desenfundan donde tienen ganas 
y no hay pasajero que no tome dimensión de lo seguro
y sellado al vacío que estaba. por si a caso, 
nadie habla, nadie contesta, nadie suelta las manos 
de las costillas de la formación por miedo a perderlas.
al reiniciar la máquina, todo vínculo que el silencio 
subterráneo anudaba, se deshace sin cuestionamientos. 
allá en la superficie: mensajes empalados
a la antena que me cuelga esperan mi respuesta.

















viernes, 30 de octubre de 2020

Amnesia

no estaba en sus planes despegarse de sus cosas,
salir a comprar
el foco faltante del baño vino por defecto,
lo primero que agarró fue la yerba, después
la sal. no había en la tarde ni un gramo
de ideas que macerar, no
estaba mal solo.
en la fila del mostrador, manotea más productos,
-los innecesarios- mientras espera
que se solucione el desperfecto técnico
del Posnet. ahí la escucha, o piensa
que la escucha. la voz dura
tres palabras inentendibles para su lejanía.
su cabeza rebobina hasta encontrar
la ubicación exacta de cada letra, 
pero la actividad mental la realiza después, una vez
que entra a su casa
y temeroso, le da cuerda a la lámpara
que se niega a encastrar en el hueco
que le toca.

la voz le flota largo rato. de reversa,
va hacia el fondo impenetrable
de los fondos, hojea rápido su corta biografía,
piensa en espacios, tiempos, vórtices
recubiertos de revoque donde pudo haber caído
lo que busca y nada: el eco sigue
atrapado en su salón vacío: las ventanas, selladas.
hasta que
cuando parece que se está por acabar
la batería, que el meñique que sostiene
el débil pensamiento
empieza
a temblar
listo para convertirse 
en sustrato de otra cosa: un fogonazo lo ilumina 
rápido y no espera, demasiado rápido ilumina 
que al final no lo llega a fijar bien. 
el cortocircuito como vino se fue, cabizbajos,
los días como vienen se van y de la insistencia
por darle forma a lo que no tiene
nacerá negruzca una mancha
de hollín
que irá a fundirse como turba
con el resto de las cosas que no puede recordar.



 















miércoles, 28 de octubre de 2020

Camino sinuoso hacia el embalse

una vez que se toma el desvío
la señal desaparece. nadie nunca emitió 
datos desde esta parte del mapa como si
una fuerza antigua 
complotase para que nos entreguemos
de lleno
a la abertura ocular que despierta
el paisaje. 
pero cuando los neumáticos cambian su melodía 
al pasar del asfalto al pedregal, 
del otro lado de estas montañas, alguien suelta 
de un extremo y afloja la ruta.

ahora viajamos en bajada imantados
al dedo índice de un epiléptico. el trazo
cada vez más flácido, la desgracia
en cada curva titilando
atenta al pulso del conductor. no es silencio
lo que enfrascan estas cuatro puertas,
es otra cosa,
un panorama sin cocción, un presente
alteradamente vivo 
que nos baja sin sentido los parpados, nos manda
a dormir sin sueño 
hasta que 
el camino vuelva a ser 
la soga tensa que era. 









domingo, 4 de octubre de 2020

Contrapeso

se sabe que después tampoco habrá tiempo, nunca 
lo hay, no habrá manera, no tendrán la voluntad 
de identificar qué malformación en la partícula
primera hizo que de un portazo se diga todo lo que 
ninguno pudo antes: queda oficialmente inaugurado
el contrapeso en la superficie compartida, quedan
muteados cada cual a cada lado del dos ambientes.
en casos como éste, yo recomiendo dejar cargando
el buche hasta la última rayita, no meter tanta mano,
no tocar lo roto, no romper lo que no se puede tocar
sin romper y asentir, asentir, asentir las veces que sean 
necesarias hasta que el oxígeno entre, el CO2 salga 
y todo intercambio suceda de nuevo en armonía
y mecánico y sin pensamiento, pero ahí va, otra vez,
a la semana, otra discusión; a las horas, otro portazo:
ojo que ahora sí se lleva dos falanges al piso y un grito
que cae sobre el pubis al aire y quinceañero del vecino 
de abajo que, afectado, vacila entre llamar al 911 o ver 
de qué forma reactivar el ejercicio que dejó trunco. 
































miércoles, 23 de septiembre de 2020

Luz natural

de su pierna sube invisible la vitamina c
y demás olores envueltos en la crema 
que se unta.
dorado el sol arriba, dorados
los pensamientos traen nomás 
un murmullo liso; fácilmente
transportable en el torrente continuo.
sin embargo, el tatuaje está mal hecho o no
tan bien como quería. bajo la costra 
recien formada, las terminaciones de la rosa
no encuentran su punto final: líneas
abiertas en V
que podrían seguir y seguir y seguir
a través del fémur, el tobillo, el pie
derecho descalzo sobre la baranda descansa.

ella esto no lo sabe, o no todavía,
como tampoco sabe que ese machaque
que llega desde abajo 
contorsionado todo hasta volverse
una burda nota
al pie para los 140 bpm que laten
en sus auriculares
será en pocos meses la unión ascendente
de kilos y kilos de metal, cal y arena
dispuestos a obsequiarle 
un verano triste 
de contrafrente y tres horas de luz natural.




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martes, 15 de septiembre de 2020

Hikikomori

acodado en la ventana exhalo
segundos de ceniza al pulmón
de la manzana.
un avión atraviesa mi cielo cuarteado
y con él, el atardecer
se convierte en privilegio para pocos.
del día queda un savia insípida.
en el jardín que no tengo
una tortuga patalea en vano buscando 
una posición natural que ya no existe
y uno acá, en la misma 
pero adentro, atrincherado por descarte 
entre paredes color humo látex.
me dejo escanear por un ventilador
que confirma y reafirma la materia
de mi rostro mientras
las retinas rojas ya delatan 
las horas entubado 
a la luz bruta y artificial 
que de un chorrazo embiste
en la cara toda, de lleno,
tibia para mí.