dentro de los límites de lo utópico
lo mejor sería quedarse mudo
y encerrado,
clavarse las medialunas negras
de las uñas en las líneas
de las manos
y evitar el futuro panorama.
pero nadie se hace amigo
de sus síntomas tan fácilmente.
más cuando, se sabe, un portazo
es además de un portazo:
un eco grueso esparciéndose
tóxico como el mercurio,
tres puntos suspensivos
agigantándose espesos en el aire,
un campo minado
camuflándose bajo el silencio
más duro, más rápido que la razón,
más allá de esta habitación,
el portazo dejó también girando
en este gatillo-garganta
insultos como bolas de lotería
donde al detener su movimiento
todos los comprometidos pierden.
martes, 12 de marzo de 2019
sábado, 9 de febrero de 2019
Nadie te enseña
marcamos una circunferencia
en una de las esquinas del jardín
(cuánto más lejos los árboles,
menos raíces que cortar)
y le fuimos dando forma
desde los costados hacia el centro
del centro hacia abajo
y abajo el universo es propiedad
de los gusanos
y sus finos conductos
de descomposición.
nadie te enseña a cavar un pozo
ni te explica el funcionamiento efectivo
de la muerte.
terminar de enterrar a tu mascota de toda
la vida
carga con la ansiedad póstuma
de un deporte de alto riesgo
como saltar de un puente
y quedar colgado boca abajo
a un beso del cemento
¿y ahora qué?
¿cuándo llega el golpe?
¿cuánto tarda en fermentarse el dolor?
lavé la punta de la pala
para que el salitre no la oxide
y lavé también mi cuerpo
en la ducha
me veo todavía más indefenso
que ante la mirada del resto.
escupo mi descendencia en el desagüe
para que me abrace la calma,
aunque sea por un segundo,
una ciencia tímida que aprendí
no sé cuándo ni con quien
pasé los mejores días de
mi vida
-o los peores,
como hoy que el vacío agobia,
la temperatura embriaga
y el oxígeno nunca es suficiente
cuando sos no solo otro animal
sino algo atado a la correa
que lo une con su sombra.
como hoy que un ventilador
gira y gira sobre la tapa de mi cabeza
una hélice que no me lleva
nunca a ningún lado
pero igual lo acepto,
estoy acá, ahora,
ya sin tierra en las palmas
ya sin perra,
ya entendí que cuanto más clara
la sábana
más marca deja entonces
la lágrima.
en una de las esquinas del jardín
(cuánto más lejos los árboles,
menos raíces que cortar)
y le fuimos dando forma
desde los costados hacia el centro
del centro hacia abajo
y abajo el universo es propiedad
de los gusanos
y sus finos conductos
de descomposición.
nadie te enseña a cavar un pozo
ni te explica el funcionamiento efectivo
de la muerte.
terminar de enterrar a tu mascota de toda
la vida
carga con la ansiedad póstuma
de un deporte de alto riesgo
como saltar de un puente
y quedar colgado boca abajo
a un beso del cemento
¿y ahora qué?
¿cuándo llega el golpe?
¿cuánto tarda en fermentarse el dolor?
lavé la punta de la pala
para que el salitre no la oxide
y lavé también mi cuerpo
en la ducha
me veo todavía más indefenso
que ante la mirada del resto.
escupo mi descendencia en el desagüe
para que me abrace la calma,
aunque sea por un segundo,
una ciencia tímida que aprendí
no sé cuándo ni con quien
pasé los mejores días de
mi vida
-o los peores,
como hoy que el vacío agobia,
la temperatura embriaga
y el oxígeno nunca es suficiente
cuando sos no solo otro animal
sino algo atado a la correa
que lo une con su sombra.
como hoy que un ventilador
gira y gira sobre la tapa de mi cabeza
una hélice que no me lleva
nunca a ningún lado
pero igual lo acepto,
estoy acá, ahora,
ya sin tierra en las palmas
ya sin perra,
ya entendí que cuanto más clara
la sábana
más marca deja entonces
la lágrima.
martes, 5 de febrero de 2019
Metiéndole mano a una imagen de anteanoche
como si del techo del gimnasio,
además de lluvia
y el trapo,
el parqué mojado,
la botella de lavandina
con agua de la canilla
y en el pico,
saliva de todo el equipo
como si del techo del gimnasio
cayera también
al centro de la cancha
un péndulo pequeño.
quién es ese chico corriendo
de un aro al otro,
agitando los brazos,
apenas transpiradas
sus axilas nunca se vieron
tan blancas,
sus pensamientos redondos
y livianos
fácilmente transportables,
eran del tamaño de una pelota
eran porque hoy rastrillar
los matorrales
que crecen en la terraza
de la cabeza
es el deporte que elegimos
por descarte.
uno que no implica
necesariamente movimiento
o una posición puntual.
instrucciones mínimas:
sujetar las pupilas con la mente
como si fuesen dos cucharas sin lavar,
hacer del mundo una imagen
sucia, distorsionada pero personal.
además de lluvia
y el trapo,
el parqué mojado,
la botella de lavandina
con agua de la canilla
y en el pico,
saliva de todo el equipo
como si del techo del gimnasio
cayera también
al centro de la cancha
un péndulo pequeño.
quién es ese chico corriendo
de un aro al otro,
agitando los brazos,
apenas transpiradas
sus axilas nunca se vieron
tan blancas,
sus pensamientos redondos
y livianos
fácilmente transportables,
eran del tamaño de una pelota
eran porque hoy rastrillar
los matorrales
que crecen en la terraza
de la cabeza
es el deporte que elegimos
por descarte.
uno que no implica
necesariamente movimiento
o una posición puntual.
instrucciones mínimas:
sujetar las pupilas con la mente
como si fuesen dos cucharas sin lavar,
hacer del mundo una imagen
sucia, distorsionada pero personal.
domingo, 27 de enero de 2019
Viviana
es que si está Viviana
todo se detiene,
cuando ella se pasea suelta
entre máquinas
y humanos de metal
el gimnasio entero descansa
ante su titánica presencia.
no sé si por el ancho, el largo
o la curvatura correcta
pero hoy Viviana
se acerca
y me felicita por mis piernas,
le contesto con una sonrisa
nerviosa y desdentada
soy un intruso
en esta tropa muscular
y ella con una elocuencia magnética
igual se detiene
y me enseña de anatomía,
de física,
de cómo mejorar la respiración
señala cada una de mis partes
como si fuese un auto
disecciona mi cuerpo
mientras sigue hablando,
me siento una res
colgada en la pared
de sus pupilas.
y en mi estacionamiento
cerebral imagino
a Viviana así como la veo,
viva y sin hijos.
te observo en cámara lenta
como te desprendés
de tus armaduras diarias
como te tumbas a medianoche,
en tu dormitorio,
en tu cama,
en tu figura de gladiadora
greco-romana,
en tus tríceps y en tus hombros.
imagino la violencia de tus dientes
arrancándole
los miembros al hombre de Vitruvio,
haciendo lo mismo
con los ojos de Leonardo
frente a tu bol
cubierto de anabólicos,
estás amaneciendo en mi mente
desayunándolo todo.
y ahora que Viviana me devuelve
la mirada,
finjo que soy obstinado y preciso
como un caballero medieval
miro fijo y al frente,
enderezo mi espalda,
empuño con fuerza los cuernos
de la bicicleta.
todo se detiene,
cuando ella se pasea suelta
entre máquinas
y humanos de metal
el gimnasio entero descansa
ante su titánica presencia.
no sé si por el ancho, el largo
o la curvatura correcta
pero hoy Viviana
se acerca
y me felicita por mis piernas,
le contesto con una sonrisa
nerviosa y desdentada
soy un intruso
en esta tropa muscular
y ella con una elocuencia magnética
igual se detiene
y me enseña de anatomía,
de física,
de cómo mejorar la respiración
señala cada una de mis partes
como si fuese un auto
disecciona mi cuerpo
mientras sigue hablando,
me siento una res
colgada en la pared
de sus pupilas.
y en mi estacionamiento
cerebral imagino
a Viviana así como la veo,
viva y sin hijos.
te observo en cámara lenta
como te desprendés
de tus armaduras diarias
como te tumbas a medianoche,
en tu dormitorio,
en tu cama,
en tu figura de gladiadora
greco-romana,
en tus tríceps y en tus hombros.
imagino la violencia de tus dientes
arrancándole
los miembros al hombre de Vitruvio,
haciendo lo mismo
con los ojos de Leonardo
frente a tu bol
cubierto de anabólicos,
estás amaneciendo en mi mente
desayunándolo todo.
y ahora que Viviana me devuelve
la mirada,
finjo que soy obstinado y preciso
como un caballero medieval
miro fijo y al frente,
enderezo mi espalda,
empuño con fuerza los cuernos
de la bicicleta.
sábado, 26 de enero de 2019
Corredores locales de domingo por la tarde
rango de edad: de cincuenta
para arriba
ocupación: corredores
locales de domingo
por la tarde
imaginan sus pisadas
no sobre el asfalto,
sino como patadas
que impactan directo
en la tapa de una olla hirviendo
sus pies hierven
la cabeza hierve
los años hierven
la presión alta sube
la depresión baja la calidad
de vida
comenzando por los pelos
en la almohada.
¿a qué le temían tus padres
a tu edad?
detrás de cada nueva calavera
por infarto
otro cerebro asume su miedo.
anochece temprano
y nadie quiere quedar
del lado oscuro de la ruta
por eso,
van haciendo fila
en la pasarela de madera
sin cortar el trote,
transpirados hasta la calvicie,
respirándose la nuca
los unos a los otros,
la cara interna
de la boca
secándose por el oxígeno
y los insectos que entran
sin pedir permiso,
de antemano
a los frágiles cuerpos.
corredores locales
de domingo por la tarde
escapando de sus casas
para volver intactos
a sus camas de diez plazas,
a sus cremas para las escamas
a sus pastillas diarias,
a sus lentes de contacto,
a sus botellas de agua mineral,
a refugiarse en sus piletas
climatizadas,
a no pensar en nada.
en un barrio cerrado
de la ciudad,
bombas de agua chupan
desesperadas
de la red fluvial
antes que corten el suministro.
para arriba
ocupación: corredores
locales de domingo
por la tarde
imaginan sus pisadas
no sobre el asfalto,
sino como patadas
que impactan directo
en la tapa de una olla hirviendo
sus pies hierven
la cabeza hierve
los años hierven
la presión alta sube
la depresión baja la calidad
de vida
comenzando por los pelos
en la almohada.
¿a qué le temían tus padres
a tu edad?
detrás de cada nueva calavera
por infarto
otro cerebro asume su miedo.
anochece temprano
y nadie quiere quedar
del lado oscuro de la ruta
por eso,
van haciendo fila
en la pasarela de madera
sin cortar el trote,
transpirados hasta la calvicie,
respirándose la nuca
los unos a los otros,
la cara interna
de la boca
secándose por el oxígeno
y los insectos que entran
sin pedir permiso,
de antemano
a los frágiles cuerpos.
corredores locales
de domingo por la tarde
escapando de sus casas
para volver intactos
a sus camas de diez plazas,
a sus cremas para las escamas
a sus pastillas diarias,
a sus lentes de contacto,
a sus botellas de agua mineral,
a refugiarse en sus piletas
climatizadas,
a no pensar en nada.
en un barrio cerrado
de la ciudad,
bombas de agua chupan
desesperadas
de la red fluvial
antes que corten el suministro.
jueves, 24 de enero de 2019
Sarpullido de edificios
la ciudad es un sarpullido
de edificios, de ruidos,
de miradas
que no te merecen
de partículas rasantes
que te atacan el cerebro.
pero eso no porque
eso es lo obvio.
es decir,
también apuntan y disparan
las mentiras,
los aspersores que hay
escondidos en la plaza,
escupen agua
y dejan reverberando en el aire
un eco verde,
el ronquido de nubes densas
y la lenta expansión de un lago
al pie de una montaña nevada.
amasando
y amasando la oreja
se puedo escuchar
el empuje de un plantín
despegándose de la gravedad,
creciendo solo,
a lo lejos, sin maceta.
¿acaso no queremos todos lo mismo?
un sentimiento privado
una quietud finita
entre tiempo y espacio,
un lugar del mundo
al que nadie ha ido
un campito donde
tu nombre caiga
como una fruta pesada
y pesada en la tierra
se pudra.
una plaza sin contorno
que se hinche y afloje
a su antojo como un chicle
con sabor ilimitado
una plaza
que no sea
como esta plaza
ni que deje flotando en el aire
este aroma antiguo y familiar
y triste.
de edificios, de ruidos,
de miradas
que no te merecen
de partículas rasantes
que te atacan el cerebro.
pero eso no porque
eso es lo obvio.
es decir,
también apuntan y disparan
las mentiras,
los aspersores que hay
escondidos en la plaza,
escupen agua
y dejan reverberando en el aire
un eco verde,
el ronquido de nubes densas
y la lenta expansión de un lago
al pie de una montaña nevada.
amasando
y amasando la oreja
se puedo escuchar
el empuje de un plantín
despegándose de la gravedad,
creciendo solo,
a lo lejos, sin maceta.
¿acaso no queremos todos lo mismo?
un sentimiento privado
una quietud finita
entre tiempo y espacio,
un lugar del mundo
al que nadie ha ido
un campito donde
tu nombre caiga
como una fruta pesada
y pesada en la tierra
se pudra.
una plaza sin contorno
que se hinche y afloje
a su antojo como un chicle
con sabor ilimitado
una plaza
que no sea
como esta plaza
ni que deje flotando en el aire
este aroma antiguo y familiar
y triste.
La oscuridad de tu boca
una sola pastilla de menta
alcanza para refrescar
toda la oscuridad de tu boca
y el aire acondicionado
a dieciocho
hace lo mismo del otro lado
de la piel,
de la pared, del techo,
del departamento de arriba
una gotera
cae,
quiere mojar mi cigarrillo.
¿qué más pueden decir
mis ojos
que no hayan dicho ya?
un avión pasa
por mi cielo asimétrico
y con él
el atardecer se convierte
en privilegio para pocos.
para nosotros el atardecer
es negro, denso y caluroso,
un punto y aparte
que rueda
encadenado a tu ventana
te obliga
a ir desacelerando el ritmo,
a bajar las persianas,
a cerrar con llave la puerta:
dos vueltas firmes y contadas
en voz alta,
a apagar las luces
que sobran, -según la boleta
siempre sobran,
a empujar de a tironcitos
los cabellos de la noche
hasta tus partes íntimas,
para después,
volver
al interior de las sábanas
a tu lugar de origen,
a la sombra
retrocedés despacio
para no despertar
al miedo.
alcanza para refrescar
toda la oscuridad de tu boca
y el aire acondicionado
a dieciocho
hace lo mismo del otro lado
de la piel,
de la pared, del techo,
del departamento de arriba
una gotera
cae,
quiere mojar mi cigarrillo.
¿qué más pueden decir
mis ojos
que no hayan dicho ya?
un avión pasa
por mi cielo asimétrico
y con él
el atardecer se convierte
en privilegio para pocos.
para nosotros el atardecer
es negro, denso y caluroso,
un punto y aparte
que rueda
encadenado a tu ventana
te obliga
a ir desacelerando el ritmo,
a bajar las persianas,
a cerrar con llave la puerta:
dos vueltas firmes y contadas
en voz alta,
a apagar las luces
que sobran, -según la boleta
siempre sobran,
a empujar de a tironcitos
los cabellos de la noche
hasta tus partes íntimas,
para después,
volver
al interior de las sábanas
a tu lugar de origen,
a la sombra
retrocedés despacio
para no despertar
al miedo.
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