lunes, 6 de noviembre de 2017

Infiernos domésticos

la brusquedad
con que el gas da cuerpo
al fuego tiene sonido,
lo sienta en ronda,
se lo educa
como a los pensamientos
ruidos mudos
que de un descuido
pueden volverse llanto


como higienizarse
las quemaduras
con agua sucia, agua turbia,
agua que espera
por la luz en el cogote
de una canilla
que todavía nunca nadie abrió
la puerta
para ver si queda alguien
con vida.





sábado, 4 de noviembre de 2017

6PM

seis de la tarde.

hora en que las palomas
van pegando la vuelta,
señalan algo en el cielo.
hora en que los albañiles
piden otra, fuman
beben, ríen, limpian
el gris de sus manos
con el costado frío
de una botella de vidrio, 
van a la contra de los autos
a la sombra de la ciudad,
pegan 
la vuelta casa
empuñando con fuerza
los cuernos de sus bicicletas. 




miércoles, 18 de octubre de 2017

Acritud vespertina

a los golpes la ciudad
te levanta la vereda
y de la cama
ejercen martillazos
que dejan moretones
sobre el hormigón
tartamudean los taladros
kilos de máquinas y cables
el exterior entero
se contorsiona
para atravesarte
todos los agujeritos
y ojalá tuviese párpados
en los oídos -pienso-
mientras reactivo
mi presencia con un ladrido.
puteo, luego existo.

hoy no hay sobremesa
ni plato sucio
para usar de cenicero
y quedarse haciendo fiaca
en esta tarde de brazos
agobiados inertes
como anguilas sin carga
descansa mi apatía
sobre mis rodillas
me mira fijo.
ella también quiere que la acunen.






sábado, 7 de octubre de 2017

Desintegración

un trato hecho
mierda
esparcido
sobre dos palmas
abierta
s
las venas
hinchadas
por una pulseada
entre egos
los cuerpos
ignoran

los barriletes
se quedan
bailando
se alejan
tan lejos
están 
que 
le llaman
distancia
al hueco
incubado
en la unión
de sus manos.






jueves, 5 de octubre de 2017

Cómo acariciar algo en exceso sin desollarse la yema de los dedos

cómo aseguro mi identidad

sobre qué mármol petrificar esto
que me ocupa

me inquieta saber que algún día
la puedo perder

como las llaves de mi casa
la inocencia, dios, el amor,
las palabras
no tienen escapatoria
una vez que se está boca abajo.

me inquieta que cualquier día
puede ser el día
que al entrar al baño
no me reconozca
y un retrato encerrado
en el espejo
me llore en la cara

litros de lágrimas
celestes cayendo
de cabeza como suicidas
ebrios,
de la única botella
que queda nacerá
una galaxia de vidrio
en el piso,
en la heladera
todavía conservo
el vacío en frascos
con salmuera.

sé qué la gravedad
es un ente maldito
que aprisiona
y sino mírenme aquí
soy un maniquí,
una estatua,
una joroba amalgamada
en la espalda del planeta
que aunque no parezca
de algo engorda.

por eso sé que
de a poco,
irán cayendo
más y más litros
y a medida que el agua
vaya levantando
su lomo de bestia
adormecida
me comerá los pies,
el inodoro hará gárgaras
y colgada en mis clavículas
trepará centímetros
y vértebras

vendrá directo
hacia mí a taparme
con una mordaza
la boca, las quejas,
las palabras dejarán
de reventarse
al llegar a la punta
de la lengua,
serán burbujas
escapándose
por los atajos
que le ofrecen
mis comisuras
 violáceas,
 mortecinas,
son un tajo 
en un cofre
abandonado 
en el fondo del baño







martes, 26 de septiembre de 2017

Lo infame es la anatomía

me desconozco.

me salió otro lunar 
encima de la prótesis
si es que puedo
llamarlo así
                  al cuerpo
lo llevo en andas pero
no me apresuraría a decir que

padezco síndrome de Estocolmo.

a lo mejor, solo nos gusta
experimentar el peligro juntos,

hubo en tiempo en que corríamos
descalzos alrededor
de una pileta, livianos
y sin deudas personales.

eso sí que era vértigo
 un vértigo que nacía de mirar hacia abajo
 y no hacia adelante.

después caímos a la profundidad.
el mundo adoptó un sonido difuso 
sin bordes, imponente y sincero 
como la voz de un gigante tartamudo.  

hubo otra vez que pisé un hormiguero
 más de mil patitas unidas 
 por la urgencia y la sed
 escalaron mi pierna izquierda. 

bah, eso creo, 
como que nunca 
se llega a saber bien
que hay más allá 
de los recuerdos en loop.
a la infancia la mandaron 
a dormir temprano
sin bañarse, sin comer.
la pulieron a la medida 
del trauma y del deseo
-dos extremos de una misma serpiente-
¿pero entonces qué pasó?

muchas son las cosas que no sé
pero la más urgente:
por qué me siguen
saliendo lunares
en partes del cuerpo
que desconozco
su funcionamiento.

nunca se está preparado para que lo familiar
venga encapuchado como un intruso
a desterrarte de tu 
hogar.






sábado, 16 de septiembre de 2017

Cuando la pesadilla es despertar

me despierto
titilando entre bostezos
que anulan y desnudan
los sonidos para imponer
su propio idioma
(mudo)
y en el baño, constato
frente al espejo
que más allá de esta nebulosa
hay un cuerpo amanecido
dos ojeras
y un escupitajo con saña
al paladar del lavamanos
para que la sangre
viaje hacia otro mundo
(oculto)
donde las arterias
tampoco dejan verse
corroídas.

afuera,
los vecinos presentan quejas por ruidos molestos.

adentro,
una cajonera irregular guarda dudas al azar.
 -¿cuántos latidos consecutivos hacen de algo un cuerpo vivo?
 -¿cómo corto la correa que me une con mi sombra?
 -¿qué convierte una casa en un hogar?

en cambio, en los bordes,
cualquier cosa es certeza.

los latidos
son hormiguitas
en fila que el
vértigo infla.
dedos de un
pie descalzo
tamborileando
sobre un serpentario
vacío.