martes, 23 de junio de 2026

Rodeo el dodecaedro de la angustia

Rodeo el dodecaedro
de la angustia y resbalo 
siempre en una cara nueva.
Dónde está el glúteo de la luna
y por qué no se sienta encima mío.
Agradezco que hay una cara.
Una cara nueva. 
Hay una cara 
original para mí.
Hay una cara andrógina
en el sueño mensual
que me persigue a bordo
de un corcel y me entero tarde
por las huellas.
No hay una cara igual a otra.
A la bocha regresa la cara inicial
que ya es vieja y conocida,
como el enemigo mortal
de un amigo imaginario
que un muchacho sin hermanos
abandona sin culpa.
A donde quiera que vaya
siento que pesa  
una cara iluminada
para que me maraville
y vea mis señas de auxilio.
A la bocha interrumpe la siguiente,
y me canso, taca, taca, ataca
primero una nariz, después
una boca, enseña el ceño,
ojos nuevos para verterse en punta.
Una cara de varias caras
que he de rodear,
tan abstracta, tan evanescente, 
me da tanta fiaca resolverla,
que me sumerge
a la cara calva de mi almohada.















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