martes, 2 de junio de 2026

Contrapeso

Feriado en toda la república argentina.
Toda obligación de ser feliz
arroja a las familias fuera de sus casas.
Un techo es el suelo de otro
y una tara: no alcanzar la concentración rapaz.
Capaz si cesasen los ladridos
y el dogo soñando adentro de su dueño, mea
el cantero, la patita levantada,
melancólico y genital.
Capaz si dejasen de ondear estas paredes
finas como carpas, dos ambientes,
cochera integrada, balcón a calle.
Cortála, dejá. Ya está. Grita
y no empalma más. No sé qué pasa, dice.
Bien que saben que después tampoco habrá tiempo,
no lo tienen, no lo venían teniendo, nunca
lo hay, no tendrán la intención de identificar
qué malformación en la partícula primera
hizo que de un portazo se diga todo
lo que ninguno pudo antes.

Queda oficialmente inaugurado el contrapeso
en la superficie compartida.
Quedan muteados cada cual a cada lado
y nadie asoma tras los muros.
Sordos ruidos desde afuera empujan.
Es la hora de bronce.
La vagancia mansa acurrucada
bajo un olmo. La inclinación del planeta
aquí y ahora: lo que otra cerveza ha de acomodar.
Mirando por la ventana, en la cara interna
del dado que le toca.
Celoso de la pulcra manera
con que destraban: quién va, quién fue,
a quién le toca ir a comprar.
De lo fácil que resultaría aplastarlo todo
con un piedra, papel o tijera.

 




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