martes, 9 de febrero de 2021

Mambo

para qué meter el ojo
en la trama apolillada de la existencia,
¿fondo blanco de sufrimiento destilado?
no, gracias, tómatelo vos si andás aburrido,
yo estoy bien acá, no había nadie, vacío
estaba hasta que llegué yo
sin proyecciones, ni desniveles, impulsado
por una cinta mecánica que de tan aceitada
ni cuenta me doy hacia donde voy,
ja, no metí el ojo, pero sí unas palabras. sigo, 
estoy bien así, me río de mí varias veces al día
de las buenas, de las malas, de las vueltas
enfermas que a veces le doy a las cosas
más insignificantes: sólidos de una pieza
limados de pies a cabeza, en el fondo
de los fondos, inofensivos
para el ciudadano promedio y así y todo,
yo torciono. un poco a solas, 
a veces con gente, siempre sobre la cara fría 
de la almohada, le meto rosca
a lo que pienso de más
hasta dejarle impresas mis huellas digitales, 
como para que quede claro 
que a este mambo lo habrá podido sembrar
el mismo avión rasante la misma noche cerrada
en más de mil macetas distintas
pero el concepto es nuevo, auténtico, fresco,
en serio, 
lo que quisimos fue sacar hacia afuera
ese magma radiante que todos tenemos
y de la nada, no se cómo ni porqué,
se escuchó el ¡clack!















viernes, 5 de febrero de 2021

Burocracia

tararea el algoritmo una música en baja calidad
para que no la pierdas por completo; a la cabeza
endurecida en formato zip.
vengan todos a verlo estacionado en el siglo XXI,
vengan a verlo expulsar agua+sales+urea= lamparones negros
en el sobaco 100% algodón.
es normal. la gente viene, entra a tu vida, te dice
que sos único e irrepetible y se va
pero seamos francos, sos tan intercambiable
como el que está adelante y como el que está detrás.
intercambiable como todos los fragmentos
que conforman esta fila detenida en una oficina del ANSES.
y sigue tarareando el algoritmo una música
en baja calidad, sigue el enojo
presionando el entrecejo del que perdió la mañana entera
por olvidarse de sacar el numerito,
sigue segundo el que estaba segundo y fumando
el que último espera todavía afuera
conectando la vereda 
con el mostrador,
y dale que dale con el traqueteo, y siguen que siguen
las impresoras sacando la lengua del horno,
no para la orquesta y no sale la tinta en las hojas A4;
y el algoritmo que sigue tarareando ahora
una publicidad que no puede saltear
mientras se siguen escupiendo de los clientes
y hojas al aire: 
un montículo de hojas que amontonadas
una encima de la otra,
tapan la vista cansada, 
tapan el tiempo muerto
produciendo un efecto térmico
que 
las mantiene tibias sobre el piso frío de una oficina del ANSES.
















domingo, 31 de enero de 2021

Hombre durmiendo bajo un árbol

hasta que el atardecer rebaje los verdes,
seguirá en su lugar. recto, aunque curvado
a la altura de la nuca. el claro ejemplo
de que se puede vivir tranquilamente
sin enterarse de los satélites girando al spiedo
más allá del remolino de la coronilla.  
un hombre durmiendo bajo un árbol,
tan sólo eso, un hombre con rostro de hombre
nacido para malgastar 
sus curtidas manos
de hombre. un hombre 
al que por más esfuerzo
que uno haga, 
imaginarlo en su juventud
sería caer 
en una práctica inútil.
y sí, obvio que esta observación nace
del más rotundo prejuicio pero también
habla de una envidia sana. o acaso
quién no quiere sus certezas: despertar
en el jardín que uno mismo fabricó
a base de paciencia y malestares corporales;
para decirle con aires catedráticos
al universo “esta sombra es hija
de ese almendro; esta planta, hija de esa otra,
este tronco sobre el que apoyado
me dispongo a hacer la digestión, dio fruto
treinta estaciones seguidas y después la quedó”.





















miércoles, 27 de enero de 2021

Nunca están dadas las condiciones

aunque reniegue 
y vea el presente como una transición,
yo también soy uno más.
sigo bronceando mi piel 
con luz artificial,
viajo cansado a la altura de los caños
y gente muerta le da nombre 
a las calles que camino.
imagino salidas, busco atajos, 
me convenzo de lo que pienso.
lo intento. 
pero qué insoportable
es esta sensación 
de que la fiesta está siempre 
en otro lado.
al llegar al fondo del pasillo
solo unos, solo ceros













.

jueves, 31 de diciembre de 2020

A la hora de la siesta

sobre su sien, decolorándose,
la gorra roja es marca registrada,
lo es la barba, la piel reseca, su pedaleo
distribuyendo el aullido del óxido hacia todos
los puntos cardinales de la hora de la siesta.
en el manubrio, suspendida, una bolsa: dentro,
artilugios varios: ropa recién encontrada
amortigua el ruido de monedas y de llaves,
al fondo, martillo y destornillador llevándose
más de la mitad del peso neto, infaltable
el paquete de Chester con cigarrillos intactos,
fumados y sin fumar y por supuesto, una botella
y en la botella, claro, cerveza, siempre c
erveza 
para mantener la tarde soleada 
en estado medicado. 

 








martes, 22 de diciembre de 2020

Agua en ondulaciones

proporción entre organismo despierto
y organismo dormido = 7:1.
el brazo derecho
cuelga aparte en línea punteada
el resto, sí, me pertenece. parece que
no quedan rastros de la tormenta precedente
o no a la vista
de este 1,80m que ocupo.
es cosa de imaginar que a las casas
con techo de chapa 
todavía les queda algo
de líquido 
alojado en sus ondulaciones.
pero haciendo memoria
el perro que ayer correteaba embarrado
y sorbía agua directo
de una antena amputada de Cablevisión
hoy no encuentra donde drenar su reflejo.
elige entonces pegar un ojo
acurrucado entre el neumático de un auto
sin cristales
y el cordón que contornea el playón vacío 
del supermercado.
cuando la rotación se lleve puesta la sombra
que lo colma
y el calor de las 12 AM pulverice el sueño
que no pudieron pulverizar los mosquitos
vendrá la lamida
y como pasa con cada lamida, la gozará
como goza la primera del día.















 

domingo, 13 de diciembre de 2020

Una diagonal al descampado para llegar más rápido

en el bateo de las copas de los árboles
se define la conducta del viento de hoy: ramas
que eran huesos, ahora flojas son cartílagos.
el movimiento que antes ni noticias, ahora es.
irregular hasta que se diga lo contrario.
yo también podría ser ese que con una mano
se corre los pelos de la cara 
y con la otra, lucha con el bollo de billetes 
para sacar el encendedor.
yo también fui ese que lo encendió
y a la mitad se arrepintió: no lo suficiente
como para tirar lo que quedaba del atado
pero sí para -de un tingazo- hacer saltar
las cenizas contra el pavimento.

soy ese que está afuera y también éste
que horizontalmente despierto 
se pregunta 
cuándo y cómo es que entró. el insecto
rebota contra las paredes de un cubo invisible
suspendido en el centro de la habitación 
hasta que se cansa o se aburre
o lo que sea:
cuestión que planta bandera 
en la punta de mi almohada 
y a partir de este momento, se abre la posibilidad
de que cualquier plan 
que todavía sostenga 
bajo el tic nervioso de sus patas que se frotan
puede acabar cuando yo quiera.