miércoles, 7 de febrero de 2018

Candados firmes y la mueca dura del guardián de mis temores

por los siglos
de los años de mi cuerpo
se ha ido esparciendo
como un rumor 

de mal gusto
como un tumor
provisoriamente
no tan duro

¿cómo puede inalterable 
el guardián de mis temores
seguir haciendo ula-ula con las llaves de mi pecho?

para no pensar el futuro,
duermo cómodo de dudas
alargadas, quietas,
hipnótizadas,
por el mismo
movimiento
espiralado, 
algo así 
como el bebé que, 
con tal de que no llore, 
ríe como estúpido
al sacudir su sonajero,
olvida el hambre,
la muerte, 
la sed,la falta,

por no pensar el futuro,
es que ando
nervioso
y sinsentido
como un oso 

frente a las botas
sucias 
de su cazador.







viernes, 5 de enero de 2018

Vendavales veraniegos

me gusta entregar
mis ojos a la anarquía del viento
ver como patalean
las hojas del pino
en la punta más alta del patio
oír como caen de maduro
los duraznos

/listos para poner la olla
 en la hornalla las manos a la obra
 no sé cuántos muchos gramos
 de azúcar hacen falta menos no sé
 cuánto espacio necesito para guardar
 cada cosa que cosecho./

disfruto ser testigo de la violencia
indirecta con que el viento
va venciendo las ramitas,
amplificando las caídas
en un aterrizaje sangriento,
estruendoso, sobre baldosas
que no pienso limpiar.
así son los nacimientos:
un enchastre permanente
del tamaño de una vida
pero en un cuarto cerrado
sin aire llaves
persianas ventanas
ni puertas mientras
 seguimos como náufragos
buscando interruptores en la pared.
el antiquísimo misterio
de cómo mierda se prende la luz.






viernes, 15 de diciembre de 2017

Puntillismo

qué onda que hace más
de una hora que no se calla ese
crack crack crocante, constante,
que no me deja pensar en algo concreto
y filoso que abra de un tajo el presente.
dónde, en la estructura, en el orden,
en la geometría de este universo
bordeado tiene que haber
un huequito por ahí
para meter la cabeza,
dejarla en remojo.
una hora nomas.
descansar la carne.

a veces soy yo,
hoy son moscas mosquitos
todos los drogadepedienes
alados y por haber, cabeceando
inmunes al dolor la misma
bombilla de luz.
no entiendo la maliciosa ansiedad
de los invertebrados.
por qué me lo recuerdan
por qué no esperan a mi apagón final
para acorralarme, 


francamente, a oscuras
no me va a importar nada
que los gusanos graben
arabescos bajo mi piel
blanquecina.
ríanse de mi muerte,
hagan lo que quieran.

pero por qué tengo que compartir mi mundo con otros. 


en una hamaca paraguaya,
meciéndome como un péndulo
con un cacho de vida adentro
busco el trance.
aparezco y reaparezco
por la sombra del jardín,
así también las estrellas
en la atmósfera fantasmal
y el crepitar de un cigarrillo
a madrugada
que con gusto fumaría
sino tuviera el atado
estrujado en mi mano,
vacío,
en cinco dedos
travestidos en un puño
iracundo,
retorcido en celo.







martes, 12 de diciembre de 2017

Soñar la peste

una voz que no era la de los curiosos
que miraban de reojo
ni la de los sádicos que miraban
a través de una pantalla
dijo: "el aire que olvidaste respirar
ingresó igual de intempestivo
que una idea perversa o un parásito
de esos subcutáneos 

que a medida que se alargan
se camuflan entre las venas candentes".
 
no sé cómo ni por qué
pasan esta clase de cosas
de tener escalofríos en las tripas
y sin más preámbulos, caer
encima de la vía pública.

ahora estoy con el rostro con suerte
respirando apenas tapado del todo
con la frazada que compré
en la última mudanza.
recuerdo éste mismo calor,
 un febrero agrio,
 quiebres en proceso
que hoy son fallas inmensas, 

visibles gracias a la amplitud
que otorga la distancia.

la botellita de agua mineral al lado de la cama
para que la fiebre no suba, la sed se calle,
y un fantasma arropado 
hasta las orejas
durmiendo cinco minutitos más, eternidad 
que dura lo que tardo en despertar.











domingo, 26 de noviembre de 2017

Vía de escape provisoriamente cerrada

no vaya a ser
que me muera orquestado
por electrodomésticos
descompuestos,
cuentas caras, goteras varias,
edificios en mal estado
mal estacionados
malestares diarios
a los que me acostumbraría
si no los pensara demasiado.

no vaya a ser
que nunca más me vaya 
y siga consumiéndome las horas 
como un desquiciado,
un adicto de dentadura rota,
colas de ratas asomándose
por el bolsillo roto de mi pantalón
reflejan 
casi a la perfección
esta imagen perversa
de encierro y abandono. 

tan casi que igual afecta.




Como amainar las palpitaciones sin detenerlas del todo

porto estos dedos como
garfios afilados,
como signos de pregunta
que enganchan
todo a su paso
desde el principio hasta el fin
encierran más dudas
que respuestas
sudan se enredan se secan

y si
sé que
el tiempo
pudrirá
la carne
mermará
las ideas
y todo lo que conocemos
seguirá quemándose a lo bonzo
bajo el desquicio del sol,

qué sentido tiene llenarse
la copa con la sed
de un tercero

ni a una pared de distancia,
ni en la electrónica palma de la mano,

terminar con la idea idiota
de que la fiesta está siempre
en otro lado

minimizar las cesáreas al cerebro

y dejar de hacerle autopsias al corazón.











El mundo está muy raro para saber quién soy

el mundo está raro

titubea,
miente,
tambalea
como un funámbulo,
que se sostiene
sobre osamentas del pasado.

y de golpe
todo está tan raro.

amoldé
el refugio del refugio
al patio de mi casa,
recorté
lo silvestre
para que encastre
con mis necesidades,
pinté
y pinté mi aldea
con saliva vencida,

para qué ahora
una baba negra
salga disparada
como bala
de un pozo que
creí siempre vacío.

el mundo está raro
y hasta acariciar
la piel más familiar
puede desollarte
la yema de los dedos,
dejarte la identidad estancada
en la garganta.