miércoles, 18 de marzo de 2026

Bloques y fisuras

Es el momento de la negociación.
De hoy depende que me mude
en un mes o que madure mis cables
doce meses más en este monoambiente.
Vino propietario con el tasador.
Era un joven con barba,
de esas recortadas
con esmero y paciencia real.
La camisa a cuadros que eligió,
no siempre calza bien en la cintura.
A veces, inflada de aire,
deja entrever el ombligo.
Tasador joven que saluda como un hombre
que madrugó, desayunó y se entregó
al spray de una colonia comprada en un freeshop.
Cada situación que involucra el tema vivienda
me dispara a mis anteriores viviendas.
A mis anteriores ocupaciones. No fueron muchas pero
marcan una fisura, establecen un segmento de vida.
Líneas de estrés. Las líneas del raigambre.
Mis bellas líneas punteadas.
La memoria tiene la potestad de rellenarlas
y las palabras, son las responsables de su adherencia.
El lenguaje es creador, dicen
los que creen que al creer, crean.
La vivienda no es lo único,
desde ya; los trabajos, el miedo, el origen
del miedo, a quien quería, cómo quería,
el sueño cortoplacista, la sombra futura de uno hecha
con restos de sombra pasada.
Si entonaba así o escuchaba qué.
Si compraba pomelo o ya me había pasado al agua tónica.
Si armado, industrial o en ayuno de humo.
Está el curso engordado y cursos que conducen
a desvíos. Esa visión. El nivel
de introspección de cada visión. Cada visión
y su contorno engrosado. La visión
que acabo de adquirir palidece a la anterior.
Eso también es una fisura.









lunes, 16 de marzo de 2026

Maullido cordillerano

Con la guita de un Corolla compró una moto usada. Con un iphone comprado en Marketplace le sacó una foto al reloj que había estado durante tres generaciones en su familia. No es talar el árbol, pero se le parece. Lo vendió y con algo de plata encima, mejoró el caño de escape. Quería conocer el mar con nuevos ojos. Quería acampar a la vera de la ruta 25 por motus propio, no por accidente. Con los neumáticos pinchados apareció una mañana en el taller. Los cambió por una charla con un mecánico que lo orientó en su encrucijada. Un año sin papeles. La multa era un yunque corroído por el mal sueño. Fisuró la moto, no sin antes cambiarle las ruedas. Cambió su libertad adquirida por el transporte público. Se cansó y se compró una bicicleta. Con el ejercicio recuperaré la capacidad respiratoria, le daré pan fresco a los vasoconstrictores y superaré prolijamente el dolor que implica una separación a tan corta edad. Adoptó un gato para no estar cara a cara con su propia respiración pero falleció sin explicarle porqué. Con la experiencia reciente y un ingreso extra en el narcomenudeo cannábico, adquirió una camioneta en módicas cuotas para sentirse más fuerte. Fascinado por las fragancias que dispersan una semilla del medio oriente. Sodio. Solarpunk. La cuenta bancaria en el baño de visitas. De los arañazos más profundos, quedan vetas rosadas que ya no arden. Vuelve un domingo con las piernas entumecidas de tanto manejar. Está cómo del lado de adentro. Se siente suave como una palta, al que dos pulgares amorosamente, pegan un sticker de una sonrisa. Fue un fin de semana atípico, de descanso y compañía, donde conoció un espesor que hasta entonces le había sido velado. Algo nuevo, con crecimiento exponencial. La esperanza de algo mejor. Sube el ascensor y un piso antes, se paraliza. Está el maullido aflautado de cuando se va y el maullido cordillerano, espasmódico, de los regresos. Ese es el que falta. Ese es el que lo hace entrar desaforado y revolear la ropa tirada, las abertura de la ventana, la zona debajo del sillón. Lo que dura una alucinación es indistinto a la vergüenza que después siente. Dos gotas de clonazepam tocan de un tingazo su lengua. El ambiente está fresco y agradable. Esa noche duerme abrazado al almohadón que tiene más a mano. Mide lo que un trozo de madera mojado, o lo que un gato.










El sol de su locomoción

La vez que se desfondó el termo que lo contenía. Ya era de caminar y convertir la soledad en una estela de brillantina. Supo oler bien. La vez que una verruga quedó a medio camino entre la gota de sudor y la axila y se disecó para caerse de callada en sus pies. Ardores silenciosos que no involucran acciones. Consecuencias que no exigen acciones. Sentimientos que no generan acciones. Acciones hijas de sí mismas han de repetirse como una mueca blanda. Una mata seca sin mucho tiro para bambolearse. Yo diría, vibra. La lata del adicto es el sol de su locomoción. Las heladeras, los freezers y los sistemas de ventilación del Día% el quince de enero del dos mil treinta y dos. Cómo cantaba el himno, la raya al medio pareja, con qué ímpetu señalaba las rotas cadenas pero creció y perdió su dni. Perdió contacto con su familia. Con ayuda de un amigo, perdió el brazo para cobrar una póliza de seguro. Perdió la póliza en apenas seis meses y a bordo de un acoplado, viaja una noche cuatrocientos kilómetros al sur. Sino está haciendo la plancha en lo verde del Metrobús, seguro está en la entrada del Farmacity pidiendo por favor una moneda. Que se le está acabando el pote, que si al menos no se encrema el muñón cada veinticuatro horas, va estar complicado que se le regenere. Voy a tener que arrancar el tratamiento todo de cero.










miércoles, 25 de febrero de 2026

Cosa mía

La fracción de tiempo antes
de la compra. La matemática
evanescente se traduce en un pago
exacto.

Vine a buscar lo que no sabía
que quería. No hay reembolso
porque ya estoy sentado en el sillón.
Porque no salgo más es cosa mía.

Mi fracción de tiempo antes
del envoltorio. Antes de las ranuras
en octavos de la barra de chocolate,
viene el papel de aluminio.

Es de la hora digestiva,
la fracción previa. Es el tick
de una esquina que no resulta como
el tack de la siguiente partición.

Tritura y muele. Estructura
y muerte. Es del tiempo, su fracción
más afónica. El ruido del sabor
lo procesa la laringe.

Del sabor queda amalgamado
tipo satín el primer mordisco.
A la lengua ataca a lo roller derby
las ganas de un trozo más.

El diente manchado de chocolate
al lado de un diente relleno
de chocolate pegado al baldío
de un diente perdido prensado
por la muela rellena de muela.

La fracción de tiempo antes
del último cuadrado. El tick
en mis dedos no suena como el tack
de mis dientes. No sabe al tick pionero.













.

lunes, 26 de enero de 2026

Batallas diarias

La sensación háptica del tejido cuarteado
cuando me drené el grano y sangró.
Me acabo acordar
porque se enganchó la cascarita
al hilo suelto de mi remera.
De espaldas al espejo,
luché largo y tendido
como quien intenta abrocharle
un botón a su joroba.






Vacaciones

Empieza con una aspiración nasal que clama por la eternidad. Colmar los pulmones y completar el circuito. La segunda dura menos. En la tercera ya flaquea, se acorta en un intercalado que va del ripio al pavimento al serrucho al fin al CO2. Ya para la cuarta respiración, la elasticidad trunca delata su abandono en materia de salud y el ciclo se recompone.

Ella lo mira y entiende algo más que atributos rítmicos del sueño. Viejos pensamientos nebulosos donde se trenza la palabra amor con la dureza del porvenir. Cuanto más penetra su atención, más grande siente que es la rodaja que le está robando. Como quien fichó el origen de un zumbido juega a la mancha congelada, despegada estática vacila entre acomodarlo de un ojotazo o mudarse de cuarto, dejarlo solo enredado a las lianas de su expectoración.





























Un embole

El labio leporino de mi interlocutor
susurra palabras sin expansión.
Aeroestátos que en su caída se desinflan
y vuelven fugaces a su forma arrugada.
Una que cabe en un puño.
Lo que digas no lo usaré.
Solo ver cómo una estupidez
se deshace en lonjas.
Y cuando parecía que eso era todo,
llegan al suelo
y se desgranan en un polvo transparente
que ni el más abstinente
se lamería el dedo para buscar su ración.
Algo así es lo que me pasa
cuando hablo con vos.






En las últimas

Con el filo de un resaltador 
encierra los lunares craneales de su anciano senil. 
Así me divierto, disminuyo la tensión 
que las horas muertas generan.
Él mira el techo retenido a la inclinación
que la almohada le propone.
Yo lo afeito, con una pinza tironeo cejas
y tijereteo el plumero que de su oreja escapa.
Lo baño, lo seco, cada fracción 
de la jornada dividida por una píldora ahuesada.
A veces llora por un pecado cometido
que no recuerda en alta definición;
salvo eso, un diez, salvo cuando
me toca una teta y se hace el boludo.











Previo a la nocturnidad

Previo a la nocturnidad,
la maniobra de embrague con que el cielo 
deja de serlo: una inversión lumínica
y los frentes de la comuna más longeva
del mercado inmobiliario, opacas, sin cejas.
Esto es San Telmo: el dimmer que se atasca 
en un tiempo sulfatado.

Se agolpan las décadas, se trocean las modas,
las drogas en los cuerpos se exhalan
por las juntas de un hotel familiar.
La palabra tragedia impresa mal,
un bollo de papel al ras rueda.
El viento es nuevo y da un espesor 
concreto a la calle. La calle no es
nueva. Hubo un canal de agua
vieja. Lo que hubo se sentía 
como nuevo. 
Lo que hoy hay no se entiende.

Tras la vidriera, atraídos por un sonido conocido, 
algo toca y rompe y al tocar, cae en su rotura 
que en la próxima caída se romperá. 
Pesadas entran a mi campo visual
y como kamikazes estallan 
por un bien mayor.
¿Granizo? ¿Escupitajos?
¿Bolas gruesas de condensación?
¿La violencia por unos oída por todos?
La lluvia en singular como una gota tan larga
que no sabemos si cae
o une lo alto ubicuo con lo que nos sostiene.











martes, 20 de enero de 2026

Pasatiempo

Un manojo de nubes claras 
para ver al tiempo craquelarse 
un día de plaza paternal. 
La cuelga viendo la organización facial de su nene
subiendo y bajando en la hamaca.
Acostado como un nene más, imagina para atrás, 
en la rama de la rama del árbol del que salió, 
Estira las piernas y los brazos hasta el tope.
como si la emoción metafísica del pensamiento
lo hubiese contraído. 
Como si ser padre fuese un trabajo 
que siente en el cuerpo
y las alas de ángel le corresponden per se.

Este finde son míos, el otro te los quedas vos,
acordate de girarme lo de la cuota.
Lo infame de la gota que rebalsó este intento de familia
es tendencia, viaja empacado en un video
en baja resolución y el objetivo
tiene nombre y apellido: Turra Puta Roba Maridos











Windows

El reloj de arena de Windows suelta sus granos.
Sus siempre mismos granos pixelados. 
Un error en su sistema parasimpático la hace girar. 
Todo lo que en su base carga, 
se descarga desde lo alto y otra vez sopa, 
no queda otra que reiniciarla.