De hoy depende que me mude
en un mes o que madure mis cables
doce meses más en este monoambiente.
Vino propietario con el tasador.
Era un joven con barba,
de esas recortadas
con esmero y paciencia real.
La camisa a cuadros que eligió,
no siempre calza bien en la cintura.
A veces, inflada de aire,
deja entrever el ombligo.
Tasador joven que saluda como un hombre
que madrugó, desayunó y se entregó
al spray de una colonia comprada en un freeshop.
Cada situación que involucra el tema vivienda
me dispara a mis anteriores viviendas.
A mis anteriores ocupaciones. No fueron muchas pero
marcan una fisura, establecen un segmento de vida.
Líneas de estrés. Las líneas del raigambre.
Mis bellas líneas punteadas.
La memoria tiene la potestad de rellenarlas
y las palabras, son las responsables de su adherencia.
El lenguaje es creador, dicen
los que creen que al creer, crean.
La vivienda no es lo único,
desde ya; los trabajos, el miedo, el origen
del miedo, a quien quería, cómo quería,
el sueño cortoplacista, la sombra futura de uno hecha
con restos de sombra pasada.
Si entonaba así o escuchaba qué.
Si compraba pomelo o ya me había pasado al agua tónica.
Si armado, industrial o en ayuno de humo.
Está el curso engordado y cursos que conducen
a desvíos. Esa visión. El nivel
de introspección de cada visión. Cada visión
y su contorno engrosado. La visión
que acabo de adquirir palidece a la anterior.
Eso también es una fisura.
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