sábado, 14 de septiembre de 2019

No hay certezas

con éste van tres días
en que trato
y no puedo distinguir
si es la falla de una máquina,
un ronquido o una rueda
lo que raspa el piso de arriba,
vibra el durlock,
débil es mi cabeza a madrugada
está el ruido de adentro
y lo que pasa por la ranura
de mi oído
tampoco me deja dormir.

no hubo forma de deshacer la oscuridad.
después de pasarse la noche entera
tanteando las paredes del pasillo
por fin, se hizo la luz
del día.







miércoles, 21 de agosto de 2019

Queda sangre en el envase

tosió y tosió y todavía
sigue cayendo sangre en el paladar
del inodoro.
se levantó, acomodó su camisa
a cuadros que apretó alterado
con el cinturón de cuero
y salió en silencio
sin sonrisa
de la estación de servicio.

si supieran que tiene el alma envenenada
y una enredadera en el frasco
donde van sus sesos,
si supieran eso y más que eso
tampoco nada pasaría.
a nadie le importa el ruido que haces
a medianoche
al subir la escalera de emergencia.


sabe que está vivo
se lo dice la culpa
y los insultos que le escupe
cada mañana la voz
que habita en su calva cabeza
y vuelve a tomar el martillo
y la sábana
con la que amuralla la puerta
de una cueva fría, despintada,
del tamaño de una herida que conocen
solo los que además
de cavarla
con el hueso de sus manos
hoy se acunan sin poder
despertar del todo.

y entonces, de nuevo,
la mano, el martillo,
rompe uno de los cinco vasos
que subsisten en el cajón
y se lo toma
en pequeña dosis y pedazos
hasta sentir el sabor de la sangre libre, 
el vidrio y la carne:
pilares de su analgésico
favorito.













viernes, 16 de agosto de 2019

Arácnido

esa foto familiar no existe más
allá del cuadrado
que la ocupa
aunque las pupilas del niño
se desvíen del lente
para decir lo contrario

mientras todos sonríen
qué es lo que ven esos ojos
como láseres fugaces
apuntan directo al borde de un terreno
desconocido hasta hoy
que el niño ya no es niño
es un anciano
al que nadie le avisó
que una mañana cualquiera
podía convertirse
en un animal flaco y enfermo
una dentadura que mastica sin comida
una boca hablando sola el idioma
que enseña
el polvo acumulado
por años y años en los pulmones.

anochecido.
la realidad se contrae en su pecho
y para contrarrestar la asfixia
junta fuerzas y sale de la cama
revuelve en el armario revuelve
en su oscuridad doméstica
los huesos de la mano
palpan inquietos el paquete olvidado

ni cigarrillos ni nada solo polvo
acurrucado entre los dedos
de la araña muerta. 












Radiografía de un momento

indescifrable
el abismo que se esconde
detrás y delante de los ojos
tu mascota
lame el borde seco
de la olla vacía
mientras
el llanto de tu persona favorita
rebota como una bala perdida
hasta pasar
por debajo de la puerta
del baño,
y nada de eso es en realidad
un problema posible de resolver
para un cuerpo
que no oye pero sí mira
sin mirar
la montañita de poca ropa
derretida sobre
la cama deshecha.












jueves, 23 de mayo de 2019

Lo que queda molesta

el cuerpo como un imán gastado
arrastra lo queda de él
hasta la puerta
del luminoso y moderno
tres ambientes, 90
m², 
cochera integrada, 
zona residencial, balcón a calle, 
vista a copa de árboles siempre
y cuando sea de día
y la luz no esté cortada
y la heladera negra 
por fuera, 
negra por dentro,
solo quedan botellas de agua vacías,

naturaleza muerta en el cajón
de los recuerdos

y algo triste que flota dentro 
y contra el reverso de su calvicie
duele y lo mantiene despierto
otra vez.

vidas que titilan
entre entradas de edificios
y ambulancias en doble fila.














miércoles, 8 de mayo de 2019

Eyectado de un episodio subterráneo

metros antes de la estación,
se desenfundan las cuchillas, 

las puertas abiertas
y aún más, los ojos.
una cinta amarilla al costado
del andén señala el charco rojo,
y al titlar, el tubo de luz azul
lo vuelve a subrayar.
nadie habla, nadie respira,
nadie suelta las manos
de las costillas
de la formación
por miedo a perderlas.


en minutos
la imagen que encendió
el fósforo seco
de los pasajeros,
será un trapo gris
con lavandina 
enterrado en un balde 
de plástico.
al reiniciarse la máquina,
otra vez, los rostros apoyados
en la abstracción oscura
que arman
y desarman los cables
del lado malo de la ventana.
























lunes, 6 de mayo de 2019

Por la sombra

empujado por días que empujan
días muertos
la gelatina de los ojos derritiéndose
en la pantalla insomne
pica
y molesta que los días pasen
por el costado,
en silencio y sin freno,
quedan 
en mi mano, 
los dedos cada vez más negros,
en mi cabeza,
solo fósforos cortos
que no alcanzan a alumbrar
todo el bosque
ni a ubicar la posición de las sombras.