martes, 14 de abril de 2026

La cañita

La franja del dedo
que se dobla, de ahí parte.
Interrumpe el festejo. 
Bajen 
la música y dedica. Por un año 
más leve que el anterior. 
El mejor año de su vida fue aquel 
con la peor noticia de sus días.

La franja del índice. El centro
de sus labios fruncidos
donde iría el anillo. Un beso
estampado al corazón de la falange.
Dura lo que una llama tarda
en tragarse la mecha. La carga
es un minuto de silencio
que dura un segundo. 
El contacto
de los labios en la franja sagrada del dedo.

En impulso contenido, parte
del pie, la dorsal, omóplato,
pasa por el hombro. La
 pólvora riega 
el brazo que asciende y suelta 
la cañita. La flecha del índice
viaja de pecho al cielo
que se la llevó. La cañita perfora
la capa primera y todas las que le siguen;
y si el mensaje no quedó claro,
ahí te va este trago al piso.

























martes, 31 de marzo de 2026

La voluntad de la voluta

Empotrado a martillazos en el fango del hastío,
el verano me pasa entre las piernas.
Un tábano tantea desde la platea,
dale que va; está que me sorbe la testa.
El invierno escapa de su cucha
y primerea con elegancia ventolina,
sorprendiendo al cuero.
Temprano hubo mitosis: dos nubes gruesas
vagaron toda la tarde de la mano 
hasta que se toparon con una más glotona
que en pleno frote se las empomó.
Una avioneta raya el cielo en gótica tipografía.
Debajo estoy completo, 
con juventud pero tengo frío; deposito entonces 
mi fe en la voluntad de la voluta
por mantenerse erguida entre que entro, 
busco una campera
y vuelvo a colorear intenso mi respiración.






Solo pregunto

Si maúlla tres veces seguidas quiere comida.
Si maúlla largo y sostenido algo le duele.
Si calla cuando regreso
y las vueltas de la llave no lo inquietan,
¿estará dormido?
Si salgo por la puerta sin despedirme,
¿desaparece?
Si me saco la capucha,
¿recupero mi inocencia?
Si la dejo puesta,
¿se le aumentan las palpitaciones
a la octogenaria que espera delante mío?
Si el archivo que envío es erróneo,
¿puede una oficina gubernamental derrumbarse,
su domo de hebras y contratos
desplomado como un jenga?
¿Puede un despido derrumbar una familia?
¿Se pondrán de acuerdo
por el tema de la manutención
y la concurrencia a clase del menor?
¿Puede esta hamburguesa,
este chato medallón en mi plato,
haber sorteado los testeos bromatológicos?
Si aquella escapada a la costa atlántica
fue solo un cambio de espacio temporal,
¿puede la sombrilla que la ráfaga puso a volar
para que solita la vea clavarse en la arena,
perseguirme recta en su jabalina
impune, inmune, a través 
de las tres dimensiones
a las que trato de apoyarme?






jueves, 26 de marzo de 2026

Modo misión

Mis manos sujetan los envases
vacíos, su peso neto, dos katanas.
Por perder en el ya pe yú
es que doblo y tomo el centro
de una calle desconocida.
Sujeto fuerte y medido el cogote de los envases,
de los verdes, como quien busca represalias
o está pronto a desbloquear
el poder que esconden sus genes. 




miércoles, 18 de marzo de 2026

Bloques y fisuras

Es el momento de la negociación.
De hoy depende que me mude
en un mes o que madure mis cables
doce meses más en este monoambiente.
Vino el propietario con el tasador.
Era un joven con barba,
de esas recortadas
con esmero y paciencia real.
La camisa a cuadros que eligió,
no siempre calza bien en la cintura.
A veces, inflada de aire,
deja entrever el ombligo.
Tasador joven que saluda como un hombre
que madrugó, desayunó y se entregó
al spray de una colonia comprada en un freeshop.
Cada situación que involucra el tema vivienda
me dispara a mis anteriores viviendas.
A mis anteriores ocupaciones. No fueron muchas pero
marcan una fisura, establecen un segmento de vida.
Líneas de estrés. Las líneas del raigambre.
Mis bellas líneas punteadas.
La memoria tiene la potestad de rellenarlas
y las palabras, son las responsables de su adherencia.
El lenguaje es creador 
dicen 
los que creen que al creer crean.
La vivienda no es lo único,
desde ya; los trabajos, el miedo, el origen
del miedo, a quien quería, cómo quería,
el sueño cortoplacista, la sombra futura de uno hecha
con restos de sombra pasada.
Si entonaba así o escuchaba qué.
Si compraba pomelo o ya me había pasado al agua tónica.
Si armado, industrial o en ayuno de humo.
Está el curso engordado y cursos que conducen
a desvíos. Esa visión. El nivel
de introspección de cada visión. Cada visión
y su contorno engrosado. La visión
que acabo de adquirir palidece a la anterior.
Eso también es una fisura.









lunes, 16 de marzo de 2026

Maullido cordillerano

Con la guita de un Corolla compró una moto usada. Con un iphone comprado en Marketplace le sacó una foto al reloj que había estado durante tres generaciones en su familia. No es talar el árbol, pero se le parece. Lo vendió y con algo de plata encima, mejoró el caño de escape. Quería conocer el mar con nuevos ojos. Quería acampar a la vera de la ruta 25 por motus propio, no por accidente. Con los neumáticos pinchados apareció una mañana en el taller. Los cambió por una charla con un mecánico que lo orientó en su encrucijada. Un año sin papeles. La multa era un yunque corroído por el mal sueño. Fisuró la moto, no sin antes cambiarle las ruedas. Cambió su libertad adquirida por el transporte público. Se cansó y se compró una bicicleta. Con el ejercicio recuperaré la capacidad respiratoria, le daré pan fresco a los vasoconstrictores y superaré prolijamente el dolor que implica una separación a tan corta edad. Adoptó un gato para no estar cara a cara con su propia respiración pero falleció sin explicarle porqué. Con la experiencia reciente y un ingreso extra en el narcomenudeo cannábico, adquirió una camioneta en módicas cuotas para sentirse más fuerte. Fascinado por las fragancias que dispersan una semilla del medio oriente. Sodio. Solarpunk. La cuenta bancaria en el baño de visitas. De los arañazos más profundos, quedan vetas rosadas que ya no arden. Vuelve un domingo con las piernas entumecidas de tanto manejar. Está cómo del lado de adentro. Se siente suave como una palta, al que dos pulgares amorosamente, pegan un sticker de una sonrisa. Fue un fin de semana atípico, de descanso y compañía, donde conoció un espesor que hasta entonces le había sido velado. Algo nuevo, con crecimiento exponencial. La esperanza de algo mejor. Sube el ascensor y un piso antes, se paraliza. Está el maullido aflautado de cuando se va y el maullido cordillerano, espasmódico, de los regresos. Ese es el que falta. Ese es el que lo hace entrar desaforado y revolear la ropa tirada, las abertura de la ventana, la zona debajo del sillón. Lo que dura una alucinación es indistinto a la vergüenza que después siente. Dos gotas de clonazepam tocan de un tingazo su lengua. El ambiente está fresco y agradable. Esa noche duerme abrazado al almohadón que tiene más a mano. Mide lo que un trozo de madera mojado, o lo que un gato.










El sol de su locomoción

La vez que se desfondó el termo que lo contenía. Ya era de caminar y convertir la soledad en una estela de brillantina. Supo oler bien. La vez que una verruga quedó a medio camino entre la gota de sudor y la axila y se disecó para caerse de callada en sus pies. Ardores silenciosos que no involucran acciones. Consecuencias que no exigen acciones. Sentimientos que no generan acciones. Acciones hijas de sí mismas han de repetirse como una mueca blanda. Una mata seca sin mucho tiro para bambolearse. Yo diría, vibra. La lata del adicto es el sol de su locomoción. Las heladeras, los freezers y los sistemas de ventilación del Día% el quince de enero del dos mil treinta y dos. Cómo cantaba el himno, la raya al medio pareja, con qué ímpetu señalaba las rotas cadenas pero creció y perdió su dni. Perdió contacto con su familia. Con ayuda de un amigo, perdió el brazo para cobrar una póliza de seguro. Perdió la póliza en apenas seis meses y a bordo de un acoplado, viaja una noche cuatrocientos kilómetros al sur. Sino está haciendo la plancha en lo verde del Metrobús, seguro está en la entrada del Farmacity pidiendo por favor una moneda. Que se le está acabando el pote, que si al menos no se encrema el muñón cada veinticuatro horas, va estar complicado que se le regenere. Voy a tener que arrancar el tratamiento todo de cero.










miércoles, 25 de febrero de 2026

Cosa mía

La fracción de tiempo antes
de la compra. La matemática
evanescente se traduce en un pago
exacto.

Vine a buscar lo que no sabía
que quería. No hay reembolso
porque ya estoy sentado en el sillón.
Porque no salgo más es cosa mía.

Mi fracción de tiempo antes
del envoltorio. Antes de las ranuras
en octavos de la barra de chocolate,
viene el papel de aluminio.

Es de la hora digestiva,
la fracción previa. Es el tick
de una esquina que no resulta como
el tack de la siguiente partición.

Tritura y muele. Estructura
y muerte. Es del tiempo, su fracción
más afónica. El ruido del sabor
lo procesa la laringe.

Del sabor queda amalgamado
tipo satín el primer mordisco.
A la lengua ataca a lo roller derby
las ganas de un trozo más.

El diente manchado de chocolate
al lado de un diente relleno
de chocolate pegado al baldío
de un diente perdido prensado
por la muela rellena de muela.

La fracción de tiempo antes
del último cuadrado. El tick
en mis dedos no suena como el tack
de mis dientes. No sabe al tick pionero.













.

lunes, 26 de enero de 2026

Batallas diarias

La sensación háptica del tejido cuarteado
cuando me drené el grano y sangró.
Me acabo acordar
porque se enganchó la cascarita
al hilo suelto de mi remera.
De espaldas al espejo,
luché largo y tendido
como quien intenta abrocharle
un botón a su joroba.






Vacaciones

Empieza con una aspiración nasal que clama por la eternidad. Colmar los pulmones y completar el circuito. La segunda dura menos. En la tercera ya flaquea, se acorta en un intercalado que va del ripio al pavimento al serrucho al fin al CO2. Ya para la cuarta respiración, la elasticidad trunca delata su abandono en materia de salud y el ciclo se recompone.

Ella lo mira y entiende algo más que atributos rítmicos del sueño. Viejos pensamientos nebulosos donde se trenza la palabra amor con la dureza del porvenir. Cuanto más penetra su atención, más grande siente que es la rodaja que le está robando. Como quien fichó el origen de un zumbido juega a la mancha congelada, despegada estática vacila entre acomodarlo de un ojotazo o mudarse de cuarto, dejarlo solo enredado a las lianas de su expectoración.





























Un embole

El labio leporino de mi interlocutor
susurra palabras sin expansión.
Aeroestátos que en su caída se desinflan
y vuelven fugaces a su forma arrugada.
Una que cabe en un puño.
Lo que digas no lo usaré.
Solo ver cómo una estupidez
se deshace en lonjas.
Y cuando parecía que eso era todo,
llegan al suelo
y se desgranan en un polvo transparente
que ni el más abstinente
se lamería el dedo para buscar su ración.
Algo así es lo que me pasa
cuando hablo con vos.






En las últimas

Con el filo de un resaltador 
encierra los lunares craneales de su anciano senil. 
Así me divierto, disminuyo la tensión 
que las horas muertas generan.
Él mira el techo retenido a la inclinación
que la almohada le propone.
Yo lo afeito, con una pinza tironeo cejas
y tijereteo el plumero que de su oreja escapa.
Lo baño, lo seco, cada fracción 
de la jornada dividida por una píldora ahuesada.
A veces llora por un pecado cometido
que no recuerda en alta definición;
salvo eso, un diez, salvo cuando
me toca una teta y se hace el boludo.











Previo a la nocturnidad

Previo a la nocturnidad,
la maniobra de embrague con que el cielo
deja de serlo: una inversión lumínica
y los frentes de la comuna más longeva
del mercado inmobiliario, opacas, sin cejas.
Esto es San Telmo: el dimmer que se atasca
en un tiempo sulfatado.

Se agolpan las décadas, se trocean las modas,
las drogas en los cuerpos se exhalan
por las juntas de un hotel familiar.
La palabra tragedia impresa mal.
Un bollo de papel al ras rueda.
El viento es nuevo y da un espesor
concreto a la calle. La calle no es
nueva. Hubo un canal de agua
vieja. Lo que hubo se sentía como nuevo.
Lo que hay hoy no se entiende.

Tras la vidriera, atraídos por un sonido conocido,
algo toca y rompe y al tocar, cae
en su rotura que en la próxima caída
se romperá con las que vienen detrás.
Entran pesadas al campo visual
y como kamikazes estallan
por un bien mayor. ¿Granizo? ¿Escupitajos?
¿Bolas gruesas de condensación?
¿La violencia por unos oída por todos?
La lluvia en singular como una gota tan larga
que no sabemos si cae
o une lo alto ubicuo con lo que nos sostiene.







martes, 20 de enero de 2026

Pasatiempo

Un manojo de nubes claras 
para ver al tiempo craquelarse 
un día de plaza paternal. 
La cuelga viendo la organización facial de su nene
subiendo y bajando en la hamaca.
Acostado como un nene más, imagina para atrás, 
en la rama de la rama del árbol del que salió, 
Estira las piernas y los brazos hasta el tope.
como si la emoción metafísica del pensamiento
lo hubiese contraído. 
Como si ser padre fuese un trabajo 
que siente en el cuerpo
y las alas de ángel le corresponden per se.

Este finde son míos, el otro te los quedas vos,
acordate de girarme lo de la cuota.
Lo infame de la gota que rebalsó este intento de familia
es tendencia, viaja empacado en un video
en baja resolución y el objetivo
tiene nombre y apellido: Turra Puta Roba Maridos











Windows

El reloj de arena de Windows suelta sus granos.
Sus siempre mismos granos pixelados. 
Un error en su sistema parasimpático la hace girar. 
Todo lo que en su base carga, 
se descarga desde lo alto y otra vez sopa, 
no queda otra que reiniciarla.







miércoles, 24 de diciembre de 2025

Vino el fumigador

Vino el fumigador
a completar su ronda
mensual. De su mochila
asoma como un sable la boquilla negra,
como el rastrillo asoma detrás del jardinero,
como la lapicera detrás de la oreja
del patovica: de cuatro que salen, entran dos.
Vino el fumigador. Héroe cyberpunk.
Luchador serial de puntos suspensivos
Manchas rosáceas, crema en espiral
en sus antebrazos y horas extras 
despegándose los químicos
que por estos lares derrama.
Mirá lo que este murciélago
que atrapamos en un maternal.
¿Y esta rata? Pesa lo que un lechón. 
Mirá los dientes. Fijáte bien 
la rabia que los cubre. ¿Viste? 
Acostumbran a moverse por los bordes.
Si ves una y
 encara para el centro, vos rajá.
Este gel ocre te aniquila las cucas de toque.
Lo último, tratá de no mojar las superficies
y evitá el desodorante de ambiente.
Me dijo que no haga migas ni vuelque bebidas,
que me agache, que no prenda la luz, 
que me vaya gateando detrás del mueble,
me dijo que me vaya de mi casa, 
que no era fumigador, 
me estoqueó hasta la puerta 
con la más turgente de sus antenas.



















Fraterna celebración

La copa de unos. La bebida
lista a craquelarse en la copa
después de las doce. La copa mía.
R en el baldío y su trago al piso.
L compenetrado en las instrucciones
del petardo que está a punto de tirar.
N piensa en las deudas, en cómo hará
el año que acaba de arrancar para salir del veraz.
T y su humor como apoyabrazos. Levanta
las cejas y mira con la carcajada congelada
al secuaz que enfrente tiene.
V no hace ruido, el chiste no le despertó
ningún estímulo, o será que no atrapó el remate.
B sí lo entendió pero se tapa la boca
porque no le gusta el serrucho de sus dientes.
A se ríe demasiado agudo para el tono de su voz.
P está triste entre la gente de siempre.
F se ríe demasiado, está fumado,
sus espasmos inquietan al resto,
se le escapa un sonido porcino
que reactiva todas las risas que vendrán.








viernes, 19 de diciembre de 2025

Las dos D

Tarotismo para machetear el presente.
Un embrujo para limar el pasado.
Dieta y deporte, las dos D, tonificarán el trapecio.
Es hora de que la máquina central halle su eje.






lunes, 15 de diciembre de 2025

Tanto de todo en muchos lados

Lo mejor que le pasó fue dejarlo en modo avión.
A los días se enteró que le quedó
un mensaje empalado a la antena que le cuelga.

Le quedaron ganas de rectificar sus argumentos.
Árboles torcidos de injertos en tierras fiscales.
Todavía memoriza la triangulación de la luz
durante esa discusión.

Otra vez, el video del mes.
Limpia. Pulcra. Solo palabras lindas
tiene permitido pronunciar esa boca.
Canta espléndido canciones que nada dicen.
Le quedó grande el estadio. Le quedó colgada
una nota entre otras y a nadie importa.

Harto de la confusión general y su insistencia
por hacerme parte, me eché a dormir con la ropa puesta.
Al velador le quedó un electrón metido en la bombita.
Ni se mosquea. Nudista y radiante, hace la plancha
en el cable hasta que me hundo con él.

Con o sin un gramo de sueño,
haz de regar tu cuenta bancaria
con la fuerza de tu trabajo.

De mucho depende la mano del heladero
en días de calor.
No ha de derrumbarse la montaña
que sostiene el cucurucho.
Imperceptible, 
baja un hilo de chocolate amargo 
que se suelta del cono y se estampa
como una lágrima de sudor en mi remera nueva.
Me quedó una bronca, tendría que haber traído una de color.

Llueven rumores en el cielo.
Quedó un resto de invierno en el verano.
Me quedó una gota de pileta en el oído
y ahora oigo todo a diez centímetros de la línea habitual.

Pensando en el mar, aspirando a la totalidad.
Mientras, tanto de todo en muchos lados.

Un barco pesquero japonés
llegó a estas aguas hace setenta años.
Enganchado le quedó un ramillete verde
en sus sistemas de ventilación
que prendió, se expandió y dejó un olor poco original.
Corriendo hacia el mar, aspirando a la totalidad.
Un turista esquiva las algas que alfombran la costa
en una intrincada coreo renga.

Reflejado en la vidriera intacta,
arrepentido del plan inicial,
al homicida le quedó una bala sin usar
y por eso, sigue con vida.

A una generación le quedó un aprendizaje
que no supo transmitir.

En cada acción y reacción,
En cada hueco con el que se rellena el tiempo.
Siente cómo late el yo de la infancia.
Pero lo normal no es necesariamente bueno,
desde que le quedó el filo de un mal recuerdo
del lado de adentro
que con terapia estricta intenta eliminar.

Si se sigue rascando, le quedarán marcas de acné
que ninguna crema podrá quitar.

Pensando en el mar, aspirando a la totalidad.
Mientras, tanto de todo en muchos lados.




















lunes, 1 de diciembre de 2025

Estudio de campo

Un estudio de campo.
Un óvalo.
Un campo de fútbol.
Un estadio.
Una autopista a la altura de la platea alta.
Un drone que transmite en vivo lo que ve.
Las bengalas, el contorno del estadio.
Un cántico derramado en las bandejas.
Una mano atorada en el alambrado.
Una cancha con una pelota inflada que rueda.
Un cántico detrás del alambrado agujereado.
Una cancha sin pelota.
Una pelota que se va por la rotura del alambrado.
Una avenida del otro lado del arco.
La red sintética sobre el césped recién cortado, natural.
El cartón de lo que fue una bengala en el cordón cuneta.
La pelota pica en el botín del arquero.
Cuando reconoce lejos el balón, el arquero se agacha y se ata los cordones.
Se despluman los gajos en la cancha sin plateas, sin bandejas.
El hexágono de un gajo sobrevuela el césped sintético.
Unas topper patean de puntín y la bola embocan.
El cántico imaginario de la bandeja imaginaria en la cabeza del nueve fofo.
La rapada tibetana del nueve que pifia el cabezazo.
La cancha embarrada por la lluvia del fin de semana.
El barro trizado en los guantes del arquero molesto.
El guante en las manos del que era nueve y ahora le toca ir al arco.
Las mochilas al costado de la cancha.
Un encendedor tirado detrás de la línea ofensiva.
El atado guardado en el bolsillo más a mano.
El pucho combustionado en el pecho del arquero.
La pelota por el agujero cruza la avenida.
La cámara oculta en la pelota recubierta de tela.
Otro gajo perdido, flota en la avenida y se va.
El resultado en la cabeza del arquero no es el mismo que el del equipo contrario.
El agujero en la pechera atora el dedo del nuevo nueve pelón.
El partido termina bajo las leyes del gol gana.
El gol que un equipo mete es rechazado por el equipo contrincante.
Discuten, el balón es pateado con bronca  y vuela.
El alambrado no atora el balón que pasa de largo y cae en la avenida.
La rueda delantera pellizca un gajo y ovala la redonda.
La rueda trasera la pisa, la aplana, la convierte en chicle y la explota.
El sonido del fin de la pelota es el punto final del partido.