a completar su ronda
mensual. De su mochila
asoma como un sable la boquilla negra,
como el rastrillo asoma detrás del jardinero,
como la lapicera detrás de la oreja
del patovica: de cuatro que salen, entran dos.
Vino el fumigador. Héroe cyberpunk.
Luchador serial de puntos suspensivos.
Manchas rosáceas, crema en espiral
en sus antebrazos y horas extras
en sus antebrazos y horas extras
despegándose los químicos
que por estos lares derrama.
Mirá lo que este murciélago
que atrapamos en un maternal.
¿Y esta rata? Pesa lo que un lechón.
¿Y esta rata? Pesa lo que un lechón.
Mirá los dientes. Fijáte bien
la rabia que los cubre. ¿Viste?
Acostumbran a moverse por los bordes.
Si ves una y encara para el centro, vos rajá.
Si ves una y encara para el centro, vos rajá.
Este gel ocre te aniquila las cucas de toque.
Lo último, tratá de no mojar las superficies
y evitá el desodorante de ambiente.
Me dijo que no haga migas ni vuelque bebidas,
que me agache, que no prenda la luz,
que me vaya gateando detrás del mueble,
me dijo que me vaya de mi casa,
que no era fumigador,
me estoqueó hasta la puerta
con la más turgente de sus antenas.
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