lunes, 16 de marzo de 2026

El sol de su locomoción

La vez que se desfondó el termo que lo contenía. Ya era de caminar y convertir la soledad en una estela de brillantina. Supo oler bien. La vez que una verruga quedó a medio camino entre la gota de sudor y la axila y se disecó para caerse de callada en sus pies. Ardores silenciosos que no involucran acciones. Consecuencias que no exigen acciones. Sentimientos que no generan acciones. Acciones hijas de sí mismas han de repetirse como una mueca blanda. Una mata seca sin mucho tiro para bambolearse. Yo diría, vibra. La lata del adicto es el sol de su locomoción. Las heladeras, los freezers y los sistemas de ventilación del Día% el quince de enero del dos mil treinta y dos. Cómo cantaba el himno, la raya al medio pareja, con qué ímpetu señalaba las rotas cadenas pero creció y perdió su dni. Perdió contacto con su familia. Con ayuda de un amigo, perdió el brazo para cobrar una póliza de seguro. Perdió la póliza en apenas seis meses y a bordo de un acoplado, viaja una noche cuatrocientos kilómetros al sur. Sino está haciendo la plancha en lo verde del Metrobús, seguro está en la entrada del Farmacity pidiendo por favor una moneda. Que se le está acabando el pote, que si al menos no se encrema el muñón cada veinticuatro horas, va estar complicado que se le regenere. Voy a tener que arrancar el tratamiento todo de cero.










miércoles, 25 de febrero de 2026

Cosa mía

La fracción de tiempo antes
de la compra. La matemática
evanescente se traduce en un pago
exacto.

Vine a buscar lo que no sabía
que quería. No hay reembolso
porque ya estoy sentado en el sillón.
Porque no salgo más es cosa mía.

Mi fracción de tiempo antes
del envoltorio. Antes de las ranuras
en octavos de la barra de chocolate,
viene el papel de aluminio.

Es de la hora digestiva,
la fracción previa. Es el tick
de una esquina que no resulta como
el tack de la siguiente partición.

Tritura y muele. Estructura
y muerte. Es del tiempo, su fracción
más afónica. El ruido del sabor
lo procesa la laringe.

Del sabor queda amalgamado
tipo satín el primer mordisco.
A la lengua ataca a lo roller derby
las ganas de un trozo más.

El diente manchado de chocolate
al lado de un diente relleno
de chocolate pegado al baldío
de un diente perdido prensado
por la muela rellena de muela.

La fracción de tiempo antes
del último cuadrado. El tick
en mis dedos no suena como el tack
de mis dientes. No sabe al tick pionero.













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lunes, 26 de enero de 2026

Batallas diarias

La sensación háptica del tejido cuarteado
cuando me drené el grano y sangró.
Me acabo acordar
porque se enganchó la cascarita
al hilo suelto de mi remera.
De espaldas al espejo,
luché largo y tendido
como quien intenta abrocharle
un botón a su joroba.






Vacaciones

Empieza con una aspiración nasal que clama por la eternidad. Colmar los pulmones y completar el circuito. La segunda dura menos. En la tercera ya flaquea, se acorta en un intercalado que va del ripio al pavimento al serrucho al fin al CO2. Ya para la cuarta respiración, la elasticidad trunca delata su abandono en materia de salud y el ciclo se recompone.

Ella lo mira y entiende algo más que atributos rítmicos del sueño. Viejos pensamientos nebulosos donde se trenza la palabra amor con la dureza del porvenir. Cuanto más penetra su atención, más grande siente que es la rodaja que le está robando. Como quien fichó el origen de un zumbido juega a la mancha congelada, despegada estática vacila entre acomodarlo de un ojotazo o mudarse de cuarto, dejarlo solo enredado a las lianas de su expectoración.





























Un embole

El labio leporino de mi interlocutor
susurra palabras sin expansión.
Aeroestátos que en su caída se desinflan
y vuelven fugaces a su forma arrugada.
Una que cabe en un puño.
Lo que digas no lo usaré.
Solo ver cómo una estupidez
se deshace en lonjas.
Y cuando parecía que eso era todo,
llegan al suelo
y se desgranan en un polvo transparente
que ni el más abstinente
se lamería el dedo para buscar su ración.
Algo así es lo que me pasa
cuando hablo con vos.






En las últimas

Con el filo de un resaltador 
encierra los lunares craneales de su anciano senil. 
Así me divierto, disminuyo la tensión 
que las horas muertas generan.
Él mira el techo retenido a la inclinación
que la almohada le propone.
Yo lo afeito, con una pinza tironeo cejas
y tijereteo el plumero que de su oreja escapa.
Lo baño, lo seco, cada fracción 
de la jornada dividida por una píldora ahuesada.
A veces llora por un pecado cometido
que no recuerda en alta definición;
salvo eso, un diez, salvo cuando
me toca una teta y se hace el boludo.











Previo a la nocturnidad

Previo a la nocturnidad,
la maniobra de embrague con que el cielo
deja de serlo: una inversión lumínica
y los frentes de la comuna más longeva
del mercado inmobiliario, opacas, sin cejas.
Esto es San Telmo: el dimmer que se atasca
en un tiempo sulfatado.

Se agolpan las décadas, se trocean las modas,
las drogas en los cuerpos se exhalan
por las juntas de un hotel familiar.
La palabra tragedia impresa mal.
Un bollo de papel al ras rueda.
El viento es nuevo y da un espesor
concreto a la calle. La calle no es
nueva. Hubo un canal de agua
vieja. Lo que hubo se sentía como nuevo.
Lo que hay hoy no se entiende.

Tras la vidriera, atraídos por un sonido conocido,
algo toca y rompe y al tocar, cae
en su rotura que en la próxima caída
se romperá con las que vienen detrás.
Entran pesadas al campo visual
y como kamikazes estallan
por un bien mayor. ¿Granizo? ¿Escupitajos?
¿Bolas gruesas de condensación?
¿La violencia por unos oída por todos?
La lluvia en singular como una gota tan larga
que no sabemos si cae
o une lo alto ubicuo con lo que nos sostiene.