las más macizas del cielo
que improvisan su danza
con fe ciega clamando
por un final.
Cada uno de sus pasos,
cada exacta alteración,
frente a un sol espectador
y pronto sepultado.
No es una creencia
construida con temor,
ni un rito inocente
a la oscuridad.
Solo es porque así quiero que sea.
Que me arranquen la impaciencia
y se atesore por fin mi nitidez.
Que los mares hiervan de libertad
y se calcinen estas amarras.
Qué suceda todo eso
cuando tenga que suceder,
pero que suceda
de una buena vez.
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