el pescuezo de costado
como el búho
resguardado por la noche
y clava su vista furtiva
en el ombligo ajeno,
se lo condena por envidioso.
resguardado por la noche
y clava su vista furtiva
en el ombligo ajeno,
se lo condena por envidioso.
El que cabizbajo
serpentea en puntas
serpentea en puntas
el borde ileso del silencio,
y se complace penetrando
con sus ojos el propio,
se lo acusa de egoísta.
y se complace penetrando
con sus ojos el propio,
se lo acusa de egoísta.
Cuando en verdad
nunca importó el cristal
con que se mire.
nunca importó el cristal
con que se mire.
Acongojados, desenfocados.
A fin de cuentas, a todos nos duele
el ceño fruncido de incomprensión.
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